TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD (TDAH)

Guiomar López Arrabé | Psicóloga General Sanitaria
Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno de carácter neurobiológico que se inicia en la edad infantil y se caracteriza por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo del niño o niña.

Tres son los síntomas principales del TDAH: falta de atención, impulsividad y exceso de actividad motora o verbal. Estos síntomas pueden presentarse de diferentes maneras y con diferente intensidad, pero en todos los casos se ve que no se corresponden con la edad de desarrollo del niño.

Aunque muchos de los comportamientos que vamos a ver son normales en edad infantil, el problema surge cuando estas manifestaciones interfieren en los diferentes contextos escolares, familiares o en sus relaciones sociales con los iguales. Así, a pesar de querer aprender, pueden aparecer problemas como bajo rendimiento académico, pero también conflictos en el seno de la familia o rechazo por parte del resto de compañeros del aula. 

DÉFICIT DE ATENCIÓN

Los problemas de atención se manifiestan de diferentes maneras según el cuidador o cuidadora que los describa. De manera general, estos niños suelen tener dificultades para prestar atención y mantenerla en el tiempo.

Posiblemente sea uno de los síntomas que más cueste especificar en edades infantiles, ya que los niños tienden a distraerse con facilidad, sin embargo, es uno de los principales motivos de consulta, por su interferencia en el rendimiento académico.

No es extraño que las primeras pistas lleguen del colegio, si tenemos en cuenta que es un espacio en el que es necesario que los niños estén sentados, guarden silencio o se mantengan durante un período de tiempo determinado centrados en la misma tarea para poder avanzar en su proceso de aprendizaje.

Sin embargo, con frecuencia los padres y madres cuentan que en casa ya han observado algunos comportamientos que han llamado su atención. Por ejemplo, pueden ver cómo su hijo o hija habitualmente cambia de una tarea a otra y las dejan sin terminar, distrayéndose con facilidad. Incluso que, durante el juego, también le cuesta seguir las reglas o instrucciones.

Los niños y niñas con déficit de atención tienden a perder u olvidar cosas de forma frecuente, aunque sean cosas que llevan siempre consigo o utilizan en su vida cotidiana, como los útiles escolares que deben guardar en su mochila, el desayuno para el recreo, o el chándal el día que les toca Educación Física.

Según el Manual de Diagnóstico y Clasificación de los Trastornos Mentales (DSM 5) publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013) el niño o niña con problemas de déficit de atención presenta 6 o más de los siguientes síntomas:

  • No presta suficiente atención a los detalles o cometen errores por descuido en las tareas escolares o durante otras actividades.
  • Tiene dificultades para mantener la atención (en clases, conversaciones o en la lectura prolongada).
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • Con frecuencia no sigue las instrucciones y/o no termina las tareas escolares u otros quehaceres.
  • Presenta dificultad para organizar tareas y actividades (ej. dificultad para ordenar los materiales, para organizar las cosas del colegio, para gestionar el tiempo…).
  • Evita o le disgusta iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
  • A menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades.
  • Se distrae con facilidad por estímulos externos.
  • Olvida las tareas cotidianas.

Un aspecto curioso es que la falta de atención se manifiesta únicamente en situaciones monótonas, aburridas o rutinarias, ya que son capaces de mantener la concentración en tareas que les motiven.

SÍNTOMAS IMPULSIVIDAD-HIPERACTIVIDAD

La impulsividad se refiere a la dificultad para pensar antes de actuar.

Los/las niños/as con impulsividad-hiperactividad presentan dificultades para estar quietos o tranquilos en situaciones que así lo requieren, levantándose con frecuencia por ejemplo en clase o moviéndose continuamente en la silla, hablando en exceso o haciendo ruidos. Son frecuentes las quejas acerca de que “no para quieto” … “se distrae con cualquier cosa, nunca termina nada” …“es que no escucha”. Cambian de actividades sin finalizar ninguna y tienen falta de constancia en aquello que empiezan.

En las conversaciones, pueden pasar de un tema a otro y en muchas ocasiones les cuesta esperar su turno para hablar, interrumpiendo y respondiendo antes de que se les haya terminado de preguntar.

Según el DSM 5 deben darse 6 o más de los siguientes comportamientos para hablar de hiperactividad:

  • Juguetea con o golpea las manos o los pies o se retuerce en el asiento.

  • Se levanta en situaciones en las que se espera que permanezca sentado.

  • Corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado.

  • Tiene dificultades para jugar tranquilamente o dedicarse a actividades recreativas.

  • Está continuamente en marcha, actuando como si “lo impulsara un motor” (por ejemplo, es incapaz de estar o se siente incómodo estando quieto durante un tiempo prolongado, como en restaurantes, en el aula…).

  • Habla excesivamente.

  • Con frecuencia se precipita en las respuestas antes de que acaben de preguntarle.

  • Tiene dificultades para esperar su turno.

  • Interrumpe o se inmiscuye con otros (por ejemplo, se mete en las conversaciones, juegos o actividades, puede empezar a utilizar cosas de otras personas sin esperar o recibir permiso.

Aunque la mayoría de las veces vemos que el niño o niña tiene síntomas tanto de falta de atención como de hiperactividad- impulsividad, en algunos casos predomina solamente uno u otro de estos patrones.

A este respecto, el DSM 5 diferencia fundamentalmente tres presentaciones:

TDAH con predominio de déficit de atención: si se cumple el criterio de déficit de atención, pero no de hiperactividad-impulsividad. Es el denominado trastorno por déficit de atención o TDA.

               TDAH con presentación predominante hiperactiva/impulsiva: si se cumple el criterio hiperactividad/impulsividad, pero no el de inatención.

               TDAH con presentación combinada: si se cumplen ambos criterios.,

Para que pueda hacerse un correcto diagnóstico de TDA o TDAH es fundamental que los síntomas descritos (déficit de atención y/o impulsividad/hiperactividad):

  • Hayan estado presentes antes de los 12 años.
  • Aparezcan en dos o más contextos (en casa, en la escuela o en otras actividades).
  • Interfieran de manera significativa con el funcionamiento social, académico o reduzcan la calidad de estos.

El diagnóstico de TDAH no es fiable antes de los 7 años, aunque aparezcan síntomas que nos hagan sospechar. Con frecuencia se tiende a sobrediagnosticar, ya que es frecuente encontrar muchos de estos comportamientos niños y niñas en edad infantil, por eso es necesario realizar una correcta evaluación con profesionales especializados que, además de la interpretación clínica administre otras pruebas complementarias que le permitan realizar un diagnóstico clínico apropiado y correcto.

Si bien el TDAH tiene bases neurobiológicas importantes, los síntomas y la severidad del trastorno van a estar muy influenciados por factores psicosociales por lo que tanto la evaluación, como el diagnóstico y el tratamiento ha de ser multidisciplinario y tomar en consideración tanto al niño como a su entorno familiar, social y escolar.

EVALUACIÓN EN TDAH

Es importante realizar una completa evaluación psicopedagógica que permita identificar adecuadamente el nivel de funcionamiento intelectual, emocional y socio-familiar del niño o niña. Esto nos permitirá realizar un buen diagnóstico diferencial.

Evaluación psicopedagógica. No existe una sola prueba para evaluar el TDAH. Las pruebas aplicadas serán elegidas en función de las dificultades que presente el niño o niña, pero la gran mayoría evalúa procesos cognitivos superiores.

Evaluación escolar. La información obtenida a través de la entrevista y la administración de las pruebas correspondientes debe ser complementada con la aportada por los profesores y profesoras acerca del comportamiento, las habilidades y dificultades que identifican se manifiestan en el colegio, tanto a nivel de desempeño académico como social, emocional y comportamental. También es importante conocer sus talentos y recursos personales.

Evaluación familiar. Además de la información que puedan aportarnos los padres y madres acerca de las conductas y dificultades que identifican, se hace necesario evaluar el impacto del trastorno en la vida familiar, la actitud y el comportamiento de los padres, la relación entre ellos, entre los hermanos y hermanas, la interacción con el hijo o hija, el grado de implicación familiar, las expectativas de los padres con respecto al desempeño académico de sus hijos o hijas y el estilo educativo, entre otros.

El TDAH tiene un alto nivel de comorbilidad con otros trastornos, como el trastorno negativista desafiante, algunos trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, trastornos del aprendizaje o el abuso de sustancias en la adolescencia. Es por eso que se hace necesario el conocimiento preciso de los distintos trastornos psicopatológicos y sus manifestaciones clínicas en las distintas etapas del desarrollo por parte del profesional, así como una sólida formación clínica, para establecer un correcto diferencial.

INTERVENCIÓN EN TDAH: DISMINUCIÓN DE LA HIPERACTIVIDAD Y MEJORA DE LA ATENCIÓN

El abordaje del TDAH incluye orientaciones a los familiares, intervención con el niño o niña y coordinación con el centro escolar. Los objetivos generales que se persiguen son la disminución de la actividad motora excesiva, la mejora del autocontrol y de la atención y, en el ámbito social, la mejora de las relaciones con sus amigos, compañeros de clase y familiares.

De manera más específica, se interviene en aspectos como:

  • Mejora del manejo del tiempo y de las habilidades de planificación.
  • Estrategias de aprendizaje. Técnicas de estudio y preparación de exámenes.
  • Entrenamiento en atención y concentración.
  • Uso de autoinstrucciones.
  • Regulación emocional.
  • Disminución de comportamientos disruptivos.
  • Mejora de las habilidades Interpersonales.
  • Motivación y confianza en sí mismo.

En ocasiones es necesario complementar la intervención con el uso de medicamentos, pero es necesario que sea un especialista entrenado quien determine con exactitud qué casos específicos requieren de este apoyo.

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