TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD (TDAH)

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria
Guiomar López Arrabé | Psicóloga General Sanitaria
Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) 0

Psicólogos Especialistas en TDAH en Madrid Centro

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que comienza en la infancia y se caracteriza por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere en el funcionamiento diario del niño o adolescente. No se trata solo de que el menor sea “movido” o “despistado”, sino de dificultades que aparecen de forma mantenida y afectan a su vida escolar, familiar o social.

Los síntomas principales del TDAH son tres: dificultades de atención, impulsividad y exceso de actividad motora o verbal. Estos síntomas pueden presentarse con diferente intensidad y no siempre aparecen del mismo modo en todos los niños y niñas. En algunos casos predomina la inatención; en otros, la hiperactividad y la impulsividad; y en otros se observan ambas dimensiones.

Aunque muchos comportamientos como distraerse, moverse mucho o interrumpir pueden aparecer en la infancia, el problema surge cuando estas conductas son más intensas de lo esperable para la edad, se repiten en distintos contextos y generan dificultades reales en el día a día. Por eso, para hablar de TDAH no basta con observar un rasgo aislado: es necesario valorar el conjunto del funcionamiento del menor.

Déficit de atención

Los problemas de atención pueden manifestarse de diferentes maneras según el contexto y la persona que los observe. De forma general, los niños y niñas con dificultades atencionales presentan problemas para mantener la atención en el tiempo, sostener el esfuerzo mental y finalizar tareas.

Este es uno de los síntomas que más cuesta identificar en edades tempranas, ya que es habitual que los niños y niñas se distraigan con facilidad. Sin embargo, cuando estas dificultades son persistentes y generan interferencia en la vida diaria, se convierten en uno de los principales motivos de consulta, especialmente por su impacto en el rendimiento académico y en el funcionamiento cotidiano.

En muchos casos, las primeras señales se detectan en el entorno escolar, donde se exige que el niño permanezca sentado, escuche, siga instrucciones y mantenga la atención durante periodos prolongados. No obstante, también es frecuente que en casa las familias hayan observado ya algunos comportamientos que llaman la atención, como:

  • cambiar constantemente de una actividad a otra sin terminarlas
  • necesitar supervisión para completar tareas
  • tener dificultad para seguir instrucciones o normas, incluso en el juego
  • olvidar o perder objetos con frecuencia, como material escolar, ropa o encargos cotidianos.

Los problemas de atención suelen reflejarse también en dificultades para:

  • mantener la concentración en tareas escolares, conversaciones o lecturas
  • seguir instrucciones de forma completa
  • organizar tareas, materiales o el tiempo
  • finalizar actividades ya iniciadas
  • recordar obligaciones o tareas cotidianas
  • evitar o rechazar actividades que requieren esfuerzo mental sostenido
  • mantener la atención sin distraerse con estímulos externos

Además, es frecuente que cometan errores por descuido o que parezcan no escuchar cuando se les habla directamente. Según los criterios diagnósticos actuales, en población infantil deben presentarse seis o más síntomas de inatención de forma persistente para considerar este perfil dentro del diagnóstico de TDAH.

Es importante entender que la falta de atención no implica una incapacidad total para concentrarse. Muchos niños con dificultades atencionales pueden mantener un alto nivel de atención en actividades que les resultan interesantes o muy motivadoras. Sin embargo, las dificultades suelen hacerse más evidentes en tareas monótonas, repetitivas, largas o poco estimulantes.

Hiperactividad e impulsividad

La hiperactividad y la impulsividad son dos de los rasgos más habituales del TDAH en niños y niñas. Aunque están relacionadas, no significan exactamente lo mismo y pueden manifestarse de formas diferentes.

La impulsividad implica actuar sin pensar suficientemente en las consecuencias. En el día a día, esto puede reflejarse en conductas como:

  • responder antes de que se haya terminado de formular la pregunta
  • tener dificultades para esperar su turno
  • interrumpir conversaciones, juegos o actividades
  • actuar sin valorar adecuadamente lo que sucede a su alrededor

La hiperactividad, por su parte, se manifiesta como una actividad motora o verbal excesiva, incluso en situaciones en las que se espera que el niño permanezca tranquilo. Puede observarse en comportamientos como:

  • tener dificultades para permanecer sentado o quieto
  • moverse constantemente en la silla o levantarse con frecuencia
  • hablar en exceso o hacer ruidos de manera repetida
  • cambiar de actividad sin terminar ninguna
  • mostrar poca constancia en las tareas que inicia

Estas conductas pueden observarse tanto en el colegio como en casa. En el entorno escolar, suelen aparecer dificultades para permanecer sentado, seguir instrucciones, concentrarse o esperar turno. En casa, las familias pueden notar que el niño cambia constantemente de actividad, necesita supervisión frecuente o tiene dificultades para adaptarse a rutinas y normas. A nivel social, también es frecuente que interrumpa a otros, que le cueste respetar reglas o que actúe de forma precipitada en sus relaciones con iguales.

Es importante entender que estas conductas no responden a falta de interés, mala educación o ausencia de límites. En la mayoría de los casos forman parte del propio trastorno y pueden afectar de forma significativa al aprendizaje, a la convivencia familiar y a la vida social del niño o niña.

Además, al igual que ocurre con las dificultades atencionales, muchos niños con hiperactividad e impulsividad pueden concentrarse bien en actividades que les resultan especialmente estimulantes o motivadoras, mientras que muestran muchas más dificultades en tareas largas, repetitivas o poco atractivas.

Por ello, resulta fundamental valorar cómo se comporta el niño o niña en diferentes contextos, qué impacto tienen estas dificultades en su funcionamiento diario y si interfieren de forma significativa en su desarrollo académico, emocional y social.

Presentación del TDAH

Actualmente se distinguen tres presentaciones clínicas del TDAH:

  • Presentación con predominio inatento
  • Presentación con predominio hiperactivo-impulsivo
  • Presentación combinada

En el lenguaje cotidiano todavía se utiliza a veces el término TDA para referirse al perfil con predominio inatento, aunque hoy la denominación clínica general es TDAH.

¿Cuándo conviene valorar un posible TDAH?

Puede ser recomendable consultar cuando el niño, niña o adolescente presenta de forma mantenida dificultades como despistes frecuentes, problemas para acabar tareas, inquietud constante, impulsividad, baja tolerancia a la frustración, conflictos en casa o en el colegio, o un rendimiento por debajo de lo esperable para su capacidad. También conviene valorar el caso cuando estas dificultades aparecen en más de un contexto, por ejemplo en casa y en el centro escolar.

Para establecer el diagnóstico, las guías actuales señalan que varios síntomas deben haber estado presentes antes de los 12 años, manifestarse en dos o más contextos y producir una interferencia clara en el funcionamiento social, académico o familiar.

Evaluación del TDAH

La evaluación del TDAH requiere un abordaje integral que tenga en cuenta los distintos ámbitos de la vida del niño o adolescente. No existe una única prueba que permita establecer el diagnóstico por sí sola, por lo que es necesario realizar una valoración clínica completa que incluya el funcionamiento cognitivo, emocional, conductual, familiar y escolar.

La evaluación del menor permite conocer mejor su perfil atencional, su nivel de impulsividad, su capacidad de autorregulación y otros aspectos relevantes del funcionamiento cognitivo. En función de cada caso, pueden administrarse pruebas específicas para explorar áreas como la atención, las funciones ejecutivas, el rendimiento intelectual y posibles dificultades asociadas.

La evaluación escolar complementa esta información con los datos aportados por el profesorado sobre el comportamiento del niño o niña en el aula, su rendimiento académico, sus dificultades en el aprendizaje, sus habilidades sociales y emocionales, así como sus talentos y recursos personales.

La evaluación familiar resulta también fundamental, ya que permite conocer cómo afectan los síntomas a la vida cotidiana, a la convivencia y a las rutinas del hogar. Además, ayuda a comprender la relación con los padres, madres y hermanos, el grado de implicación familiar, el estilo educativo y las expectativas respecto al desarrollo y al rendimiento del menor.

Por otra parte, el TDAH presenta con frecuencia comorbilidad con otros trastornos o dificultades, como el trastorno negativista desafiante, algunos trastornos de ansiedad, alteraciones del estado de ánimo, dificultades específicas del aprendizaje o, en la adolescencia, problemas relacionados con el consumo de sustancias. Por ello, es imprescindible realizar una valoración rigurosa que permita establecer un adecuado diagnóstico diferencial y comprender de forma precisa qué está ocurriendo en cada caso.

Intervención en TDAH

La intervención en el TDAH requiere un abordaje multimodal, que suele incluir orientación a la familia, intervención psicológica con el niño o adolescente y coordinación con el centro escolar. Los objetivos generales son mejorar la atención, el autocontrol, la organización, la regulación emocional, la planificación y las habilidades sociales, así como trabajar la autoestima, la motivación y la relación familiar, especialmente cuando las dificultades se mantienen en el tiempo.

De manera más específica, la intervención puede incluir:

  • mejora del manejo del tiempo y de las habilidades de planificación
  • estrategias de aprendizaje y técnicas de estudio
  • entrenamiento en atención y concentración
  • uso de autoinstrucciones
  • regulación emocional y disminución de conductas disruptivas
  • desarrollo de habilidades interpersonales y sociales
  • fortalecimiento de la motivación y de la autoestima

En algunos casos, puede ser necesario complementar la intervención con tratamiento farmacológico, pero esta decisión debe ser valorada por un profesional médico con formación específica en TDAH, siempre dentro de un abordaje global e individualizado y no como única medida de tratamiento.

Evaluación e intervención en TDAH en Consulta Goya

En Consulta Goya realizamos evaluaciones de TDAH en niños, niñas y adolescentes desde un enfoque clínico riguroso e individualizado. Sabemos que llegar a consulta no siempre es fácil, y que detrás de cada valoración hay una familia con dudas, preguntas y, en muchos casos, un largo recorrido previo.

La evaluación incluye entrevista en profundidad con la familia, recogida de información del entorno escolar, administración de las pruebaspertinentes y análisis del funcionamiento cognitivo, emocional y conductual del menor. El objetivo no es solo establecer un diagnóstico, sino ofrecer una orientación clara y útil que permita entender qué está ocurriendo y diseñar la intervención más adecuada para cada caso.

Si tiene dudas sobre si su hijo o hija podría beneficiarse de una evaluación, puede ponerse en contactar con nuestro equipo. Le atenderemos con la misma atención con la que tratamos a cada familia que pasa por nuestra consulta.

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