HIPOCONDRIA

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria
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Especialistas en el tratamiento de la hipocondría en Madrid centro

La hipocondría o Trastorno de Ansiedad por Enfermedad es un trastorno psicológico que se caracteriza por una preocupación irracional a padecer o contraer una enfermedad grave.

Es normal que la gente tenga miedo de contraer una enfermedad, pero en el caso de la gente con hipocondría este miedo es tan angustioso que no les permite llevar una vida plena, ya que la preocupación constante por su salud hace que se alarmen con facilidad ante cualquier signo que pudiera suponer una enfermedad.

Como resultado de esta ansiedad la persona desarrolla comportamientos excesivos relacionados con la salud, tales como revisar repetidamente su cuerpo en busca de signos de enfermedad, acudir con frecuencia al médico, buscar información en internet, entre otros. Además, esta preocupación persiste a pesar de haber recibido exploraciones y explicaciones médicas adecuadas.

En general, las personas con hipocondría manifiestan una propensión a vigilar en exceso el estado de su cuerpo, atender y seleccionar determinadas sensaciones poco frecuentes y a inclinarse a considerar dichas sensaciones como peligrosas e indicadoras de enfermedad.

El trastorno puede iniciarse a cualquier edad, pero lo más frecuente es que empiece en los primeros años de la vida adulta.

Es común que estas personas expresen sentirse incomprendidas por su entorno. Con frecuencia acuden a terapia avergonzados/as ya que son conscientes de que su preocupación puede ser exagerada y sus comportamientos irracionales, pero experimentan tanta angustia que no pueden evitarlos.

La persona con hipocondría sufre mucho. En realidad, la búsqueda constante de respuestas es la trampa en la que se encuentra atrapada y la clave para liberarse de ella es dedicar esos esfuerzos a aprender a convivir con el riesgo de enfermar, pero este trabajo debe abordarse teniendo en cuenta los componentes emocionales que surgen al enfrentar esta realidad. Es por eso que, aunque se les explique qué les pasa o consulten a médicos no encuentran tranquilidad a largo plazo.

Aprender a convivir con la posibilidad de enfermar supone dejar de luchar y contactar con la sensación de vulnerabilidad e indefensión que en realidad subyace bajo ese miedo. Para estas personas, acostumbradas a tener cierto control sobre sus vidas y a solucionar problemas, puede resultar difícil permitirse sentir esa vulnerabilidad.

¿Y SI TENGO ALGO? LOS CHEQUEOS

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Los comportamientos que una persona puede realizar para intentar ganar tranquilidad son muy variados, pero algunos son especialmente comunes. Estos incluyen el chequeo constante del cuerpo en busca de signos de enfermedad, la frecuente visita a médicos en busca de confirmación o alivio, el someterse a más pruebas de las recomendadas por los profesionales médicos (o, en contraposición, evitar las pruebas por miedo a recibir malas noticias), la búsqueda de síntomas en internet en busca de explicaciones, y consultar con familiares y amigos/as.

Todas estas conductas, a largo plazo, mantienen el trastorno de hipocondría. Aunque en el momento pueden proporcionar un alivio temporal al miedo y la ansiedad, este alivio es transitorio, ya que tarde o temprano surgirá un nuevo «síntoma» que volverá a ponerlos en alerta. Lo que finalmente deteriora la vida de la persona es la constante preocupación y el estado de alerta frecuente que estos comportamientos propician involuntariamente: entrenan al cerebro para identificar cualquier posible cambio corporal y estar constantemente pendiente de él, lo que conlleva una carga mental y emocional significativa.

Por otro lado, pedirle a una persona con tanta angustia que deje de realizar estas comprobaciones o chequeos no es realista. Incluso si en algún momento deja de hacer alguno de estos comportamientos, es probable que lo haga enfrentándose a un nivel de ansiedad tan intenso que probablemente no pueda mantener su propósito a largo plazo. Por eso, lo primero es ayudar a la persona a manejar su ansiedad y «prepararla» psicológicamente para que sea ella misma quien vaya sintiéndose capaz, de manera progresiva, de disminuir algunas de estas conductas. Esto implica entender y asumir emocionalmente que estas conductas son las que están afectando su calidad de vida a largo plazo.

Es importante enseñarles herramientas de manejo de la ansiedad y el miedo que surgirán al comenzar a eliminar dichas «muletas».

Por otra parte, es cierto que las personas con hipocondría tienen un umbral de detección de síntomas físicos menor que los demás, lo que significa que pueden notar cualquier cambio o signo corporal con mayor facilidad. En otras palabras, sus síntomas son reales. Han entrenado su mente para la autoobservación, por lo que es común que noten ciertas sensaciones que podrían pasar desapercibidas para otros/as. Es por eso que se sienten tan incomprendidos cuando su entorno les dice que no tienen nada.

TRATAMIENTO DE LA HIPOCONDRIA

Siempre nos esforzamos por incorporar las últimas aportaciones científicas y personalizar cada intervención. Entendemos que, si bien en general el tratamiento sigue ciertos principios, cada persona tiene un ritmo y unas necesidades únicas que es preciso identificar para elegir el enfoque más adecuado.

La intervención se centra en ayudar a la persona a aprender a convivir con su miedo a enfermar sin que este interfiera significativamente en su vida. Para lograrlo, se abordan los aspectos cognitivos, emocionales y conductuales que están manteniendo el trastorno. Se enseñan técnicas específicas de manejo de los síntomas problemáticos, con el objetivo de que la persona pueda enfrentar sus preocupaciones de manera más adaptativa y funcional.

La Terapia Cognitivo Conductual y la Terapia de Aceptación y Compromiso han demostrado ser muy efectivas en el tratamiento del trastorno por hipocondría y son el marco teórico en el que basamos nuestra intervención. Sin embargo, es crucial identificar y abordar también los aspectos emocionales subyacentes que alimentan este miedo para que la intervención sea efectiva. En nuestra práctica, nos enfocamos en trabajar tanto los pensamientos y comportamientos asociados con la hipocondría como las emociones subyacentes, lo que nos permite ofrecer una intervención integral y holística que aborda todas las dimensiones del trastorno.

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