TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria
Carla da Vila Crespo | Psicóloga General Sanitaria

Los trastornos de alimentación o trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son un grupo de trastornos mentales que se caracterizan por una alteración severa en la ingesta de alimentos y patrones conductuales de control de peso. Representan un problema de gran relevancia clínica por sus repercusiones físicas y psicológicas y por el aumento de la incidencia en los últimos años, sobre todo en la población adolescente y joven. 

Los trastornos de la conducta alimentaria son más frecuentes en los países desarrollados y en las mujeres, iniciándose generalmente en la adolescencia y/o la juventud temprana, aunque existen casos en los que se inicia en la infancia o la edad adulta y también un porcentaje cada vez mayor de hombres que lo padecen (OMS, 2020).

Bajo el nombre de trastornos de la conducta alimentaria se agrupan varios trastornos, cada uno de ellos con sus características particulares, siendo los más conocidos la anorexia y la bulimia nerviosas y el trastorno de atracones. Sin embargo, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V, APA 2013) encuadra dentro de esta clasificación también el trastorno de rumiación, el trastorno de evitación/restricción de la ingestión de alimentos, pica y los trastornos de la conducta alimentaria o de la ingesta no especificados.

La anorexia y la bulimia nerviosas están asociados a una especial preocupación por engordar y, como consecuencia, se alteran de forma significativa las conductas de ingesta con el fin de evitar la ganancia de peso.

Ambos trastornos comparten rasgos comunes, de hecho, hasta los años 70 se consideró la bulimia como una variedad de la anorexia nerviosa. Lo cierto es que ambos pueden coexistir en una misma persona.

La característica distintiva de la anorexia nerviosa es el mantenimiento del bajo peso corporal por debajo de los límites normales y saludables, y la de la bulimia es la presencia de episodios recurrentes de ingesta voraz seguidos por conductas compensatorias tales como el ayuno, el vómito provocado, el uso y abuso de laxantes y diuréticos, el ejercicio físico excesivo u otras formas de adelgazar.

Muchas veces pensamos que los trastornos de alimentación tienen que ver sólo con una mala relación con la comida, pero esto es sólo la punta de un gran iceberg que esconde muchas otras preocupaciones y dinámicas que se han ido desarrollando a lo largo de la vida de la persona.

Para profundizar en ello, cabe mencionar lo que se conoce como el Modelo de diátesis-estrés, el cual explica el comportamiento humano como resultado tanto de factores genéticos y biológicos, como de experiencias vitales, concluyendo que existen diversos factores que predisponen y favorecen la aparición de los trastornos.

¿QUÉ FACTORES INFLUYEN EN EL DESARROLLO DE UN TRASTORNO ALIMENTICIO?

Entre los factores personales que podrían influir en la aparición y el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria, destacan aspectos psicológicos como una excesiva preocupación por el aspecto físico, una insatisfacción con la propia imagen corporal, un perfil perfeccionista, autoexigente y autocrítico, una baja autoestima asociada a la necesidad de ser valorado o valorada externamente,  la necesidad de controlar cualquier aspecto sobre la propia vida, la baja tolerancia a la frustración y la impulsividad, entre otros.

Con respecto a la influencia familiar, se ha hallado una asociación con familiares de primer grado que tienen o creen tener exceso de peso, son sensibles a las apariencias o que presentan trastornos alimentarios, así como un estilo de educación tendente a la sobreprotección y la alta exigencia. Familiares de primer grado con trastornos afectivos, familias en las que el cuidado de la imagen externa es fundamental, principalmente con presencia de una gran preocupación por el peso y la figura, además de expectativas demasiado altas en los hijos, son también factores predisponentes.

En lo que respecta a la sociedad, se ha visto la influencia de ciertos valores estéticos dominantes que tienen que ver con la presión social acerca de tener un cuerpo perfecto, como se da a entender con los anuncios con modelos esbeltos y con cuerpos inalcanzables que se asocian al éxito social, económico y profesional, así como la presión por tener éxito y la competitividad que conlleva.

Diversos estudios muestran la existencia de factores que puedan facilitar que en un momento determinado aparezca un trastorno de la conducta alimentaria,  como cambios corporales (como los acontecidos durante la adolescencia), un incremento rápido de peso, el inicio de una dieta (la pérdida de peso es en sí misma reforzante y además aumenta el sentido de autoeficacia y de control), críticas respecto al cuerpo por parte de los demás, insatisfacción con el propio cuerpo, exceso de ejercicio físico o la existencia de una enfermedad adelgazante.

Respecto a los factores que favorecen que estos trastornos se mantengan en el tiempo se han hallado las consecuencias de la restricción alimentaria, la mala interacción familiar y el aislamiento social.

También la actividad física excesiva, el vómito y la dieta contribuyen a su mantenimiento, ya que se consigue evitar algo que para estas personas es muy aversivo: ganar peso, al igual que el refuerzo social y personal, ya que sienten una alta capacidad de control sobre su cuerpo con estos comportamientos.

Como se puede observar, los trastornos alimentarios son problemáticas que van mucho más allá de una mala relación con la comida. Podría decirse, de forma metafórica, que son como un vaso que se va llenando, siendo el agua que sobresale lo que aparentemente se ve, pero toda esa agua que se ha ido llenando con el paso de la vida de la persona también forma parte de la sintomatología y características de estos trastornos. Además, impactan de manera general en la vida de la persona y de sus familiares cursando con frecuencia con otros trastornos psicológicos como la depresión, la ansiedad o los trastornos de la personalidad, así como con enfermedades físicas importantes. En los casos más extremos pueden conllevar la muerte, sobre todo por suicidio o desnutrición.

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