¿QUÉ ES EL TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA?

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

EL Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es un trastorno de ansiedad caracterizado por un estado permanente de ansiedad (anticipación aprensiva) y preocupación excesiva e incontrolable por diferentes acontecimientos o actividades de la vida cotidiana. La persona que lo padece se siente preocupada y con ansiedad la mayor parte de los días durante al menos varias semanas seguidas.

Entre los síntomas de ansiedad destaca la aprensión (preocupaciones acerca de calamidades venideras, sentirse al límite).

La ansiedad y la preocupación se asocian a tres (o más) de los siguientes síntomas:

  1. Inquietud o sensación de estar atrapado o con los nervios en punta.
  2. Facilidad para fatigarse.
  3. Dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco.
  4. Irritabilidad.
  5. Tensión muscular.
  6. Problemas de sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño o sensación al despertarse de sueño no reparador).

A la persona le resulta difícil controlar ese estado de preocupación constante, por lo que se encuentra nerviosa y con sensación de intranquilidad casi todos los días. Se sienten de incapaces de relajarse, pues con frecuencia están en alerta ante la posibilidad de que pase algo malo o rumiando algo que les está afectando. Todo ello hace que sientan una gran tensión muscular, pudiendo desarrollar otros problemas de concentración, sueño, cansancio o irritabilidad, entre otros.

Existen diversos factores de vulnerabilidad psicológica asociados a este tipo de ansiedad, como la tendencia a responder con ansiedad ante acontecimientos de la vida cotidiana, la carencia de habilidades de afrontamiento a los problemas o situaciones conflictivas o tener una visión del mundo como un lugar peligroso, con una percepción de amenaza generalizada y donde además se sienten incapaces de afrontar lo negativo que pudiera ocurrir.

También existe cierta predisposición genética a desarrollar este tipo de trastorno, como ocurre con todos los trastornos de ansiedad.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS

La preocupación es el rasgo más característico en el trastorno de ansiedad generalizada. La persona con este trastorno puede preocuparse por sucesos posibles, aunque no le afecten directamente o aunque la posibilidad de que sucedan sea lejana en el tiempo. También pueden estar preocupadas por cosas que ya han pasado y cuyas consecuencias estén sufriendo.

Tienden a pensar que preocuparse es inevitable e incluso que es bueno hacerlo para prevenir posibles catástrofes o que si no lo hacen significa que no les importa. Estas creencias positivas acerca de la preocupación les hace más difícil intentar abandonar este hábito. Además, llevan tanto tiempo con ese estilo de afrontamiento al malestar emocional que se sienten incapaces de no hacerlo.

En realidad, la preocupación, cuando es disfuncional o patológica, cumple una función de evitación de ciertos estados emocionales: mientras una persona está preocupándose por algo malo evita contactar con emociones más profundas, como la ansiedad o el miedo de lo que temen, la culpa de algo que ha sucedido o la incertidumbre por lo que pueda pasar, entre otros.  

A veces simplemente están preocupados porque sienten malestar e intentan descubrir por qué o cómo deshacerse de él. Esto hace que no aprendan a tolerar estos estados emocionales de una forma más funcional. Otras veces, mediante la preocupación, se evita tomar decisiones con el consiguiente el riesgo a equivocarse o que la opción elegida tenga consecuencias negativas.

La baja tolerancia a la incertidumbre es otra característica de las personas con ansiedad generalizada y un factor de riesgo para desarrollar este trastorno. Ante situaciones donde no hay respuestas exactas o no se puede saber qué ocurrirá y podría ocurrir algo malo la persona intenta anticipar lo que puede suceder, porque si no lo tiene previsto existe la duda y eso les hace sentir mucha ansiedad. En realidad, la ansiedad la fomenta el rumiar algo ante lo que no hay respuesta clara, pero la sensación de control y lo automático de su conducta les impide dejar de hacerlo.

La preocupación no es mala en sí misma. Sólo cuando es excesiva e inútil y se convierte en disfuncional, afectando negativamente a la calidad de vida de la persona e interfiriendo en ésta. Sin embargo, preocuparse “sanamente” nos ayuda a encontrar soluciones ante los problemas y los conflictos y a evitar consecuencias negativas en situaciones donde es posible hacerlo. Pero se convierte en “insana” cuando no cumple esta función y además aumenta la atención hacia lo amenazante.

¿CÓMO SE TRATA EL TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA?

La preocupación no es más que el intento de evitar afrontar las consecuencias emocionales que siguen a las imágenes o pensamientos de miedo o malestar. El mantenimiento de la preocupación se explica porque dicha evitación impide el afrontamiento correcto de las cosas y por la sensación de control que genera el pensar en lo que a uno le causa malestar.

La intervención psicológica irá destinada a enseñar a estos pacientes una nueva forma de preocuparse y aplicar estrategias de afrontamiento alternativas ante las situaciones de incertidumbre y malestar. No es cuestión de no preocuparse, sino de hacerlo de una forma más adaptativa. Aprenderán también estrategias efectivas de control de la preocupación.

Decir a una persona con ansiedad generalizada que no se preocupe es inútil, no saben dejar de hacerlo y tratar de evitarlo con una parada de pensamiento puede tener un efecto rebote.

El objetivo último es que el paciente aprenda a identificar sus emociones más profundas y los estados emocionales de los que huye para que aprenda a manejarse con ellos de una forma más funcional. La relajación por sí sola no es suficiente, pero sí mejora los resultados cuando se combina con otras intervenciones cognitivas y emocionales.

A través de la aplicación de diversas técnicas sugeridas por las distintas corrientes terapéuticas se conseguirá que el paciente vaya aprendiendo nuevos estilos de manejo de las situaciones conflictivas y generadoras de malestar para que dejen de interferir en su vida cotidiana.

En ocasiones también será necesario aplicar técnicas complementarias para tratar otros problemas que puedan estar jugando un papel importante en la frecuencia e intensidad de las preocupaciones, como estrategias de entrenamiento en resolución de problemas y toma de decisiones, técnicas de asertividad y de afrontamiento de conflictos e incluso revisar y abordar las relaciones interpersonales del paciente.

Como en todos los trastornos psicopatológicos, la farmacoterapia puede ser coadyuvante o de ayuda para la intervención, sobre todo en los casos más agudos o cuando cursa con otros trastornos que agravan el trastorno.

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