BULLYING O ACOSO ESCOLAR

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

El bullying es una forma específica de violencia entre iguales, presencial o cara a cara, donde uno o varios agresores intencionadamente causan dolor, acosan y someten reiteradamente a otro compañero.

También se conoce con otros nombres, como acoso escolar, violencia o maltrato entre iguales.

Se trata de un fenómeno que se observa en todos los países y clases sociales y que ha existido siempre, pero en los últimos años ha habido un incremento en el interés y la preocupación por este tema, de la sociedad en general y de las comunidades educativas, en particular. Cada vez hay más conciencia de la importancia y gravedad de estos comportamientos y se ha hecho evidente la necesidad de establecer medidas de prevención e intervención.

En el bullying:

  • Existe una víctima indefensa acosada por uno o varios agresores con intención mantenida de hacer daño. Existe crueldad por hacer sufrir conscientemente.
  • Los agresores realizan diversas conductas agresivas que pueden ser físicas contra su cuerpo o sus propiedades (golpes, empujones, romper, robar o esconder su objetos personales…), verbales (amenazas, motes, insultos, calumnias…), de exclusión social (no le dejan participar, le ignoran o excluyen a propósito, y convence a los demás para que también le den de lado, por ejemplo, contando mentiras sobre la víctima, hablando mal de ella, levantando falsos rumores, etc.) o psicológicas, (se burlan y  ríen de la víctima, la desvalorizan y humillan, la acechan, amilanan, arrinconan o intimidan, provocando en ella sentimientos de indefensión, temor, vergüenza y/o inseguridad).
  • Existe una desigualdad de poder entre la víctima (débil) y uno o varios agresores más fuertes física, psicológica o socialmente. No hay equilibrio en cuanto a posibilidades de defensa, de ahí los sentimientos de indefensión de la víctima.
  • Las conductas agresivas ocurren con frecuencia, prolongándose en el tiempo y son intencionales y el dolor generado no sólo lo sufre la víctima en el momento que se produce, sino que perdura después, ante la ansiedad y la angustia de futuros ataques. 
  • El objeto de intimidación suele ser un único alumno. A veces se da a varios, pero menos es menos frecuente.

Según un informe publicado en 2019 por la UNESCO, uno de cada tres estudiantes (32%) ha sido intimidado por sus compañeros en la escuela al menos una vez en el último mes y una proporción similar se ha visto afectada por la violencia física.

Aunque el bullying se viene estudiando desde hace más de 50 años (Olweus, 1973) sigue siendo un problema de gran relevancia en nuestra sociedad y época actual. De hecho, gracias al interés suscitado en las últimas décadas entre los psicólogos, médicos, educadores, políticos y el público en general han aumentado los estudios publicados en este área y se han elaborado campañas de concienciación y métodos de prevención e intervención.

Dada su importante prevalencia, se puede considerar un problema de salud pública.

No obstante, no todas las conductas de confrontación que tienen lugar entre niños y adolescentes pueden ser consideradas bullying. Existen situaciones escolares en las que se producen conflictos entre iguales, e incluso peleas.  La clave estaría en que en esas situaciones las dos personas (o grupos de personas) se enfrentan en una relación de igualdad de poder (física o psicológica). Para que se hable de bullying debe haber una desigualdad de poder entre víctima y agresor.

Los datos obtenidos en la encuesta realizada por la Fundación ANAR (2018) muestran que las conductas violentas más frecuentes en 2017 fueron: violencia verbal (78% de los casos), violencia física (47.8%), aislamiento (40.9%) y, en menor medida, amenazas (17.2%) y robo o daño de material (10.8%). Además, el análisis de los datos muestra que las víctimas suelen ser objeto de más de un tipo de conducta violenta, lo que contribuye a un mayor sufrimiento.

PRINCIPALES FORMAS DE BULLYING

VERBAL: puede ser de manera directa (insultar, poner motes, ridiculizar, amenazar, humillar…) o indirecta (esparcir rumores, proporcionar información privada, enviar notas…).

FÍSICA: puede agredirse directamente (empujones, golpes, patadas…) o de forma indirecta (romper o esconder pertenencias, robar objetos de la víctima, estropear pertenencias…).

EMOCIONAL: conductas de chantaje, extorsión, coacción o creación de falsas expectativas (por ejemplo, de amistad), entre otras.

RELACIONAL: dañar la reputación de la víctima, aislarla o excluirla socialmente (por ejemplo, excluirla de actividades o eventos, ignorarla, expulsarla de un grupo o lugar). 

SEXUAL: se refiere a aquellos comportamientos que implican tocamientos en el cuerpo de la víctima sin su consentimiento explícito, gestos obscenos  y demandas de favores sexuales.

                                                                                                                                                                  (Fuente: FOCAD, 2020)

Independientemente de las formas de agresión que se utilicen, las características que definen el bullying son tres: intencionalidad, persistencia en el tiempo y abuso de poder

En general las conductas de bullying, especialmente las de agresión física, van disminuyendo con la edad, siendo entre los 11 y 14 años el momento de mayor prevalencia, aunque con frecuencia sigue estando presente durante la adolescencia tardía y la juventud.  Sin embargo, a medida que aumenta la edad, el acoso social y psicológico desplaza al acoso físico, al igual que va aumentando el cyberbullying

En el informe realizado por Save the Children (2016) se señala que la violencia verbal, fundamentalmente el insulto, es la conducta más frecuente entre los adolescentes de entre 12 y 16 años y la violencia relacional es más frecuente en adolescentes escolarizados.

Aunque las conductas de bullying se dan principalmente en el colegio, se extienden más allá de éste, involucrando a los mismos niños y niñas en la calle, el parque o las redes sociales.

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