Psicología adolescente

La adolescencia es el período de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta.
Se trata de una de las etapas de transición más importantes, caracterizada por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios a nivel biológico, psicológico y social, todos ellos modulados por la familia, la cultura y la sociedad a la que pertenece.

A nivel biológico se producen ciertos cambios hormonales y la adquisición de la madurez sexual, produciéndose una serie de cambios físicos que deben ser asimilados correctamente e integrados en el autoconcepto.

Cambios en las estructuras cerebrales del neocórtex producen la mejora y el desarrollo de las funciones ejecutivas, lo que facilita la regulación emocional y un mayor desarrollo cognitivo, especialmente con respecto a la atención selectiva, la memoria de trabajo, la resolución de problemas, la toma de decisiones y la planificación. Estos cambios facilitan procesos como el establecimiento de metas de una forma más precisa y el diseño de planes de acción para su consecución.

Cambios en distintas estructuras del sistema límbico favorece una mayor inhibición de respuestas emocionales y de control emocional.

A nivel psicológico este período se caracteriza, sobre todo, por la construcción de su propia identidad y escala de valores. Los cambios físicos, cognitivos y emocionales también influyen en el autoconcepto y la autoestima que, durante este período, también sufren una profunda transformación.

El avance y consolidación de las funciones ejecutivas les permiten hacer reflexiones sobre sí mismos y el entorno, así como ir progresivamente tomando decisiones con cierto nivel de autonomía, pero por otro lado también deben enfrentarse a tareas par las que aún no están preparados, necesitando la guía de un adulto. Este equilibrio en ocasiones es difícil de conseguir, pudiendo desembocar en ciertos momentos o períodos de tensión familiar o rebeldía hacia las normas o en el inicio y práctica de conductas de riesgo que es necesario identificar a tiempo para poder frenar.

En este intento de encontrar su lugar entre la etapa infantil que ha dejado atrás y la etapa adulta que todavía no ha alcanzado el/la adolescente se siente a menudo vulnerable y confuso y necesitado de una red de apoyo social y familiar con quien se sienta reconocido y le aporte la seguridad y estructura que en ocasiones puede faltarle.

A nivel social, las relaciones con los amigos adquieren una especial relevancia. Durante la infancia, las personas más relevantes en la vida del niño son sus padres, hermanos u otros familiares con los que se siente vinculado, pero durante la adolescencia estas relaciones se ven modificadas y serán sus iguales su principal grupo de referencia.

La aceptación de su grupo de iguales y la aprobación social se convierten en algo primordial. Las relaciones se vuelven más intensas y se establecen también otras nuevas y significativas.

La adaptación a estos cambios puede suponer una importante fuente de estrés y desembocar en ciertos problemas de conducta y desobediencia que generan malestar y conflicto en el adolescente y en su entorno social y familiar, así como otros problemas de índole personal como ciertos miedos, inseguridades, problemas personales y sufrimiento en general.

La presencia de estos problemas se encuentra relacionada con la mayor o menor adaptación y ajuste psicológico del menor a los cambios biopsicosociales propios de esta etapa, siendo el entorno familiar y escolar una poderosa herramienta para ayudarles a vivir esta etapa con la mayor plenitud posible.

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