¿QUÉ ES UN ATAQUE DE PÁNICO?

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

Un ataque de pánico, también llamado crisis de angustia, se caracteriza por un episodio repentino de miedo o ansiedad muy intensos que alcanza su máxima expresión a los pocos minutos y se presenta acompañado de diversos síntomas físicos que la persona teme que vayan a desembocar de manera inminente en algo terrible y peligroso, como tener un ataque al corazón, desmayarse o incluso morirse (DSM 5, APA 2013).

Los síntomas que pueden aparecer en esos momentos incluyen una sensación de miedo o ansiedad muy intensa acompañada de uno o varios de los siguientes síntomas:

  • palpitaciones fuertes, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca
  • opresión o dolor en el pecho
  • sensación de mareo, inestabilidad o de aturdimiento
  • temblores o sacudidas
  • sensación de dificultad para respirar o de asfixia
  • sensación de entumecimiento u hormigueo
  • sudoración
  • náuseas o malestar estomacal
  • escalofríos o sofoco
  • sensación de irrealidad (desrealización)
  • sensación de separarse de uno mismo (despersonalización).

Estos dos últimos síntomas asustan mucho, pues son muy inespecíficos y desconocidos y con frecuencia la persona siente que está perdiendo el control. Sin embargo, en realidad se trata de una sensación corporal más provocada por la ansiedad y que, al igual que los demás síntomas, irá disminuyendo progresivamente si no hace nada por controlarla.

Los ataques de pánico pueden darse en situaciones que la persona conoce y ya tiene asociadas como potencialmente peligrosas para que tengan lugar (bien por haber sufrido anteriormente un ataque en esa situación o porque se trate de una situación de por sí temida, como ocurre con las fobias) o aparecer de manera inesperada, es decir, sin ningún desencadenante aparente. A veces las personas lo experimentan durante el sueño (ataque de pánico nocturno) lo que incrementa la sensación de pérdida de control y de indefensión.

Con frecuencia las personas con ataques de pánico se preocupan por las implicaciones o consecuencias que éstos pueden tener sobre sus vidas. Algunas temen que puedan ser el anuncio de una enfermedad no diagnosticada que pueda poner en peligro la vida (p. ej., una enfermedad coronaria). También son frecuentes las preocupaciones sociales, como la vergüenza o el miedo a ser juzgados negativamente por los demás, debido a los síntomas evidentes del ataque de pánico y la creencia de que las crisis de pánico suponen cierta debilidad emocional.

¿CÓMO SE PRODUCE UN ATAQUE DE PÁNICO?

Un ataque de pánico tiene lugar cuando la persona empieza a sentir un miedo o ansiedad muy intensos y repentinos e interpreta esas sensaciones de forma errónea y catastrófica: “me va a dar un ataque de pánico”, “estoy perdiendo el control”, “me voy a morir”, etc. Esta es la clave para desarrollar un ataque de pánico: para que aparezca la ansiedad el cerebro debe disparar una señal de alarma al percibir un peligro, en este caso por las sensaciones experimentadas fruto del miedo, y activarse el mecanismo de lucha-huida que nos prepara para hacer frente a ese peligro: el cuerpo se prepara para luchar contra el peligro (las sensaciones) o huir de la situación. Esta interpretación catastrófica y la lucha por controlarlas provoca más excitación y tensión y, por tanto, más sensaciones de miedo y angustia y, en consecuencia, más miedo, que a su vez genera más sensaciones corporales. De esta forma se entra en un círculo vicioso que, en última instancia, puede terminar provocando el temido ataque de pánico.

Este círculo es lo que se conoce con el nombre de miedo al miedo: miedo a las propias sensaciones del miedo y angustia por el temor a que desemboquen en algo terrible.

En esos momentos, la persona intenta hacer algo para controlar lo que está sintiendo, pudiendo llegar a abandonar la situación y desarrollando un miedo futuro a la misma.

Muchos pacientes no identifican las sensaciones corporales y comentan que “sólo está en su cabeza”, esto es, identifican los temores (tener un ataque de ansiedad, tener un infarto, desmayarse, etc.), pero no su repercusión corporal. En realidad, estos pensamientos están provocando cambios en su organismo que deberán aprender a identificar y manejar para frenar el círculo vicioso comentado anteriormente.

¿POR QUÉ SE PRODUCEN LOS ATAQUES DE PÁNICO?

No se puede determinar con exactitud qué es lo que provoca un ataque de pánico, pero suelen ser síntoma de otros problemas subyacentes en la vida del paciente, como un período prolongado de estrés, conflictos no resueltos u otros problemas personales. El que una persona pueda o no desarrollar un ataque de pánico también está condicionado por factores predisponentes relacionados con la genética. No obstante, el desencadenante último del ataque siempre es una reacción inadecuada a las sensaciones de ansiedad y, una vez ha tenido lugar el primer ataque, el miedo a experimentar otras crisis futuras se convierte en un problema en sí mismo, que puede condicionar la vida de la persona hasta el punto de que evite ciertos contextos o actividades por miedo a sufrir un ataque de pánico.

Cuando la persona evita muchos contextos o situaciones por miedo a tener otros ataques de pánicos se puede llegar a desarrollar un trastorno por agorafobia.

Por otro lado, se habla de trastorno de angustia cuando, tras haber tenido uno o varios ataques, la persona se siente al menos durante un mes con una gran inquietud y/o preocupación persistente por la posibilidad de padecer nuevas crisis o de sus consecuencias y/o por un cambio significativo y desadaptativo en su vida, como dejar de hacer cosas que antes hacía o evitar contextos donde crea que puedan desencadenar otras crisis.

¿CÓMO SE TRATAN?

La Terapia Cognitivo Conductual se ha mostrado altamente eficaz en el tratamiento de los ataques de pánico. Reduce de manera significativa su aparición e intensidad, llegando en la mayoría de los casos a frenar su aparición.

Esta terapia incluye varios componentes.

Un componente educativo donde se explica a la persona qué ocurre durante un ataque de pánico, por qué se siente así y qué comportamientos favorecen su aparición y mantenimiento.

Un componente cognitivo donde se le enseña a identificar los pensamientos automáticos negativos y las interpretaciones erróneas que tienen lugar en esos momentos para ir progresivamente retándolos y contrastando las consecuencias temidas, mientras se le enseña a sustituir dichas interpretaciones por otras más realistas.  

Un componente conductual donde se emplean técnicas de exposición interoceptiva, esto es, exposición gradual y controlada a las sensaciones de miedo y entrenamiento en estrategias para manejarlas y disminuir el nivel de activación, como técnicas de relajación, de respiración controlada y, en los últimos años, de meditación mindfulness. De esta forma la persona irá aumentando progresivamente la sensación de control y perdiendo el miedo a los síntomas, preparándose para afrontar poco a poco las situaciones reales temidas, siempre bajo supervisión del terapeuta.

El objetivo último es que la persona aprenda a manejar los síntomas de miedo y ansiedad que se disparan en los momentos previos a un ataque de pánico (o durante el mismo) para que frene su progresión y vaya paulatinamente sintiéndose más capaz de manejarlos, lo que irá disminuyendo su miedo y cortando el circulo anteriormente descrito.

Aunque los ataques de pánico no suponen un riesgo real para la vida de la persona, pueden provocar mucha angustia y afectar de manera significativa a la calidad de vida de quien los padece. Por eso, y para evitar que se vuelvan más frecuentes o futuras complicaciones con otros cuadros, como la depresión o la agorafobia, es aconsejable buscar tratamiento lo antes posible. En ocasiones, al principio del tratamiento, puede ser aconsejable combinar el tratamiento psicológico con el farmacológico.

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