AGORAFOBIA: CUANDO SALIR DE CASA SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por un miedo o ansiedad intensa ante la perspectiva de salir de casa o acudir a determinados lugares o situaciones por temor a que se le disparen síntomas similares a la angustia, el pánico u otros síntomas incapacitantes y tener dificultades (o que resulte embarazoso) para huir o recibir ayuda. Por consiguiente, tiende a evitar activamente dichas situaciones o a veces a soportarlas, pero siempre a costa de un gran malestar o ansiedad o con la presencia de un acompañante que pueda prestar ayuda, en caso de que sea necesario.

 Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características. Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, en su quinta edición (DSM 5), para que se diagnostique dicho trastorno la persona debe tener ansiedad relacionada con dos o más de las siguientes situaciones:

  1.  Uso del transporte público (automóviles, autobuses, trenes, barcos, aviones…).
  2. Estar en espacios abiertos (por ejemplo, en zonas de estacionamiento, mercados, puentes…).
  3.  Estar en sitios cerrados (por ejemplo, tiendas, teatros, cines…).
  4. Hacer cola o estar en medio de una multitud.
  5.  Estar fuera de casa solo.

La persona con agorafobia anticipa la experiencia de ansiedad (ansiedad anticipatoria)y tiende a evitar activamente dichas situaciones o a veces a soportarlas, pero siempre a costa de un gran malestar o ansiedad o con la presencia de un acompañante que le pueda prestar ayuda, en caso de que sea necesario.

Si bien la agorafobia puede tener lugar sin que la persona experimente ataques de pánico, lo cierto es que en un alto porcentaje de pacientes se dan ambas cosas.  En ocasiones se desarrolla un trastorno por agorafobia después de haber tenido uno o varios ataques de pánico y la persona teme que puedan repetirse en ciertos contextos prototípicamente agorafóbicos.

También es frecuente que las personas con agorafobia no tratada desarrollen otros problemas de ansiedad o depresión, siendo más probable cuanto más tiempo lleven con el trastorno.

TRATAMIENTO DE LA AGORAFOBIA

La Terapia Cognitivo-Conductual y la Terapia de Aceptación y Compromiso se han mostrado eficaces para el tratamiento de la agorafobia. El objetivo último es que el paciente sea capaz de enfrentar las situaciones temidas para que dejen de interferir en su vida y pueda vivir con libertad.

En ambos enfoques la técnica de exposición en vivo juega un papel crucial sin embargo, mientras que el objetivo último de la Terapia Cognitivo Conductual es reducir los síntomas de ansiedad al ir exponiéndose gradualmente a las situaciones temidas (por el fenómeno de la habituación), en la Terapia de Aceptación y Compromiso el objetivo es que la persona pueda vivir su vida de acuerdo a sus valores, lo que en ocasiones significará tener que enfrentarse a las situaciones temidas. En este contexto, el ejercicio de exposición se lleva a cabo no con la intención de extinguir la ansiedad ni controlar otras experiencias internas (pensamientos, emociones, sensaciones) que tengan lugar ahí, sino para fomentar la aceptación psicológica y la tolerancia a dichas experiencias y que el paciente pueda actuar a pesar de éstas.

Ambas terapias son complementarias y se han mostrado eficaces tanto en la reducción de los temores como en la normalización y recuperación de la vida de la persona.

Antes de exponerse a las situaciones temidas, que se irá haciendo de manera progresiva y siempre respetando el ritmo del paciente, será necesario trabajar otros aspectos psicológicos y emocionales que se hayan visto afectados como consecuencia de sus temores. Con frecuencia la gente, cuando acude a terapia, lleva tiempo sufriendo ansiedad y evitando situaciones, por lo que suelen sentirse extremadamente vulnerables e indefensos, con poca confianza en ser capaces de poder salir del círculo en el que se encuentran. Lo primero es abordar estas cuestiones para que el paciente pueda sentirse capaz de iniciar el tratamiento que le lleve a vencer sus miedos.

Como en otros trastornos de ansiedad, a veces es necesario complementar el tratamiento psicológico con el psicofarmacológico. Será el profesional quien determine en qué momentos es aconsejable combinar ambos tipos de tratamiento.

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