BULIMIA NERVIOSA

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria
Carla da Vila Crespo | Psicóloga General Sanitaria

La bulimia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que se caracteriza por:

  • La presencia de episodios recurrentes de atracones.

Un episodio de atracón se caracteriza por dos hechos:

  1. Ingestión, en un período corto de tiempo, de una cantidad de alimentos que es claramente superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un período similar en circunstancias parecidas.

  2. Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante el episodio (por ejemplo, sensación de no poder parar de comer o no poder controlar el tipo o la cantidad de comida que se está ingiriendo).

  • Conductas compensatorias inapropiadas recurrentes para evitar el aumento de peso, como el vómito autoprovocado, el uso incorrecto de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos, el ayuno o el ejercicio excesivo.

  • Los atracones y los comportamientos compensatorios inapropiados se producen, de promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.

  • La autoevaluación se ve indebidamente influida por la constitución y el peso corporal.

Es necesario especificar el grado de gravedad actual: la gravedad se basa en la frecuencia de comportamientos compensatorios inapropiados y el grado de discapacidad funcional.       

                                                                                                                                                                                                                                                   (DSM V, APA 2013)

Es importante diferenciar entre atracones objetivos y atracones subjetivos.

Los atracones objetivos se definen por la ingesta de una cantidad de comida superior a lo que la mayor parte de personas ingerirían en un periodo de tiempo similar. Este tipo de atracones están presentes en trastornos alimentarios caracterizados por la sobreingesta como, por ejemplo, la bulimia nerviosa (si la persona lleva a cabo métodos compensatorios tras el atracón) o el trastorno por atracón (si la persona no lleva a cabo métodos compensatorios tras el atracón).

Por contra, en los atracones subjetivos, la persona no lleva a cabo una ingesta excesiva, sin embargo, tiene la sensación de haber perdido el control de esta. Este tipo de atracones son experimentados con un incumplimiento de las reglas restrictivas de la ingesta y están presentes en trastornos alimentarios caracterizados por la restricción, tales como la anorexia nerviosa.

CARACTERÍSTICAS DE LA BULIMIA NERVIOSA

La bulimia generalmente empieza en la adolescencia o en la vida adulta temprana, aunque en los últimos años la edad de inicio es cada vez más temprana.

El curso puede ser crónico o intermitente durante muchos años. En los casos graves puede haber alternancia de atracones y conductas purgativas ininterrumpidamente.

Las personas con bulimia están muy preocupadas por su peso, su figura o ambos. Presentan creencias rígidas y perfeccionistas con respecto a su propio cuerpo y la comida, e informan de bajas expectativas de autoeficacia, especialmente en áreas relacionadas con la comida, la imagen corporal y el control de peso.

La bulimia es funcionalmente similar al trastorno obsesivo compulsivo, en donde al episodio de ingesta desenfrenada (“binge-eating”) le siguen intensos sentimientos de culpa, ansiedad y pensamientos de preocupación obsesivos con respecto a la ganancia de peso. El purgarse cumple la función, a corto plazo, de reducir la ansiedad y la culpa que sienten ante esta idea, además de controlar que ocurra. Sin embargo, a largo plazo la persona se siente triste, avergonzada y de nuevo culpable. Además, a la larga el vómito induce más hambre, ya que elimina energía y nutrientes esenciales, aumentando así la probabilidad de que se presente otro episodio de atracón y purga.

Como ocurre con otros trastornos mentales, la existencia de factores estresantes, como pueden ser problemas personales, socio-familiares o escolares, así como su comorbilidad con trastornos de personalidad, complican el tratamiento del trastorno y lo exacerban.

Al contrario que ocurre con la anorexia, las personas con bulimia pueden mantener un peso normal en función de su edad y talla, por eso pueden pasar más desapercibidas. Esto es importante porque pocas de ellas buscan ayuda externa para resolver el problema, lo cual no significa que necesariamente no la deseen. En ocasiones, sin embargo, es difícil que consulten porque encuentran en su enfermedad solución a problemas previos.

Además, suelen ser más conscientes de su problema, aunque lo escondan por vergüenza.

Las complicaciones médicas más frecuentes tienen que ver con el tracto digestivo (erosión del esmalte dental, caries, gingivitis, hipertrofia de las glándulas salivales, aumento de las glándulas parótidas, esofagitis, úlceras de estómago y esófago, rotura esofágica, dilatación gástrica…), problemas renales y deshidratación, alteraciones hidroelectrolíticas (disminución de potasio, sodio, magnesio…) y alteraciones cardiovasculares (arritmias, disminución de la presión arterial o aumento de pulsaciones cardíacas).

Los/las pacientes con bulimia son hospitalizados/as con menos frecuencia que los/las pacientes con anorexia y cuando ocurre suele ser para corregir una deshidratación y desequilibrio hidroelectrolítico, por riesgo de actos suicidas o por otras alteraciones psiquiátricas.

A nivel psicológico, suelen ser personas con una baja autoestima y su sentimiento de valía está muy asociado al físico. Sienten insatisfacción con su cuerpo y suelen ser muy autoexigentes y presentar una severa autocrítica. También suelen tener una alta necesidad de aprobación de los demás.

Además, al contrario que las/los pacientes con anorexia, éstas/os presentan una preocupación por el cuidado del aspecto físico y una preocupación de estar atractivas/os, así como rasgos de extroversión y una vida social más activa.

¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES FACTORES DE RIESGO?

Existen diversos factores biológicos, socio-culturales, familiares y psicológicos que pueden influir en el desarrollo de la bulimia nerviosa. No obstante, ninguno de estos factores por sí mismos pueden causar el trastorno.

Por ejemplo, determinados rasgos de personalidad como la impulsividad, el perfeccionismo, la inseguridad, la excesiva necesidad de control y la insatisfacción con la imagen corporal hacen que las personas sean más vulnerables a desarrollar el trastorno.

También puede influir que existan antecedentes familiares de obesidad o familias que dan mucha importancia al peso y a la apariencia física y, por supuesto, el modelo socio-cultural que promueve la sobrevaloración del cuerpo delgado y musculoso como símbolo de belleza y atractivo y lo que es aceptable o inaceptable de ciertos atributos físicos. Hay adolescentes con una insatisfacción importante con relación a su imagen corporal al estar lejos del modelo de belleza social propuesto y es el deseo de imitar este modelo lo que les lleva al desarrollo final del trastorno. Por otro lado, y contrariamente, la industria del consumo alimentario invita continuamente al deseo de comer.

La presencia de un conflicto, la obesidad, la pérdida de peso o el comienzo de una dieta y la distorsión de la imagen corporal suelen ser desencadenantes en personas predispuestas.

Como ocurre con cualquier trastorno de la conducta alimentaria, el desencadenamiento de la bulimia nerviosa no se da de un día para otro y en este proceso hay algunas pautas conductuales de la conducta alimentaria que van variando en la vida de los/las jóvenes que, junto con el conocimiento de los principales factores de riesgo, pueden ayudar a una detección precoz.

TRATAMIENTO DE LA BULIMIA

La bulimia nerviosa es un trastorno complejo. Los modelos unicausales no pueden abarcar todos los aspectos implicados, por lo que se hace necesario aplicar tratamientos que combinen técnicas provenientes de los distintos marcos teóricos existentes, y aplicarlas en función de las necesidades particulares de cada paciente y del momento del proceso en que se encuentre.

Si bien es imprescindible evaluar en un primer momento el deterioro físico y el peso, la dieta, los hábitos alimentarios y el ciclo ingesta excesiva/purga también es necesario conocer y atender las áreas problemáticas que subyacen y sustentan dichos síntomas (preocupación por la imagen corporal, insatisfacción corporal, autoestima, miedo al rechazo…) y abordarlas con los enfoques pertinentes.

Según el estado de salud física del paciente, se hará más o menos hincapié en el control del comer y del ambiente global de la persona.

Durante el tratamiento del mismo, se llevará a cabo un trabajo con el mundo interno de la/el paciente. Es aquí donde se abordarán aspectos como la regulación emocional, la presencia de disociación y el trabajo con defensas, todo ello con el objetivo de alcanzar la estabilización psicológica.

El objetivo final es aprender a comer de forma sana y promover hábitos de autocuidado saludables, pero sobre todo fortalecer la autoestima y la sensación de valía.

A modo preventivo, se hace necesario educar y enseñar desde la infancia, en la familia y en los centros escolares, a cuidarse y llevar una vida saludable, inculcando actitudes y comportamientos alimentarios adecuados, pero atendiendo también a la educación emocional.

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