ROLES EN EL BULLYING

Psicología infanto-juvenil, Trauma Psicológico
Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

El bullying debe entenderse como un fenómeno grupal, no limitado a la relación entre agresor y víctima. Debemos entenderlo como una conducta colectiva ya que, aunque los agresores pueden ser uno o varios, hay otras personas que actúan como observadores y que con su actitud están apoyando la situación si no tratan de ayudar y defender a la víctima, lo que facilita en gran medida que la situación se mantenga en el tiempo.

La agresión lugar entre uno o varios agresores y una o varias víctimas a través de una interacción de dominio-sumisión y unos espectadores u observadores sabedores de la situación que no hacen nada y contribuyen a que se mantenga en el tiempo.

Si bien es difícil realizar un perfil de agresor, de víctima y de espectadores, varios estudios han encontrado características frecuentes en la mayoría de los casos que pueden facilitar esta tarea.

LA VÍCTIMA

Cualquier niño o niña puede sufrir acoso escolar, sin embargo, algunos estudios muestran que los niños y niñas percibidos de alguna manera como diferentes son más propensos a sufrir intimidaciones. Ejemplo de ello serían ser distintos debido a la apariencia física, la raza, la nacionalidad, la orientación sexual o sufrir algún tipo de discapacidad psíquica o física.

No todas las víctimas reaccionan igual ante los agresores. Las investigaciones han identificado dos tipos de víctimas de violencia escolar:

  • Víctima pasiva o sumisa: reacciona de forma pasiva y sumisa ante las agresiones.
  • Víctima activa o agresiva: presenta conductas hostiles y agresivas, muchas veces como reacción al acoso que sufren.
VÍCTIMAS SUMISAS

En general, las víctimas suelen ser personas tímidas, inseguras, con baja autoestima y con frecuencia con poca aceptación social. Se muestran más débiles que sus iguales, psicológica y/o físicamente. Suelen presentar escasas habilidades sociales y muy poca o nula asertividad, lo que con frecuencia los lleva a comportarse de manera sumisa. Aunque también hay víctimas que presentan habilidades asertivas y cierta seguridad y es por ello que son colocados en una posición de diana para los ataques.

Normalmente presentan pocas habilidades de resolución de problemas, por lo que no saben cómo reaccionar cuando se ven envueltas en situaciones de acoso. De hecho, muchas veces se sienten culpables y tiendan a ocultar su situación por vergüenza.

En muchas ocasiones presentan una visión negativa sobre los demás y sobre el mundo, que se acentúa con estas vivencias.  Sin embargo, los estudios muestran que sus autopercepciones con respecto a su situación familiar y escolar suelen ser positivas y aunque a veces sostienen que se sienten sobreprotegidas por sus padres en general se muestran satisfechas con su entorno familiar.

Respecto al rendimiento académico, varios estudios han constatado que las víctimas con frecuencia presentan un buen rendimiento académico y no muestran más dificultades que el resto de sus compañeros. Sin embargo, sus estudios pueden verse repercutidos al sufrir acoso. En el informe elaborado por la UNESCO en 2019 se vio que los niños que habían sido acosados obtuvieron puntuaciones más bajas en los exámenes. De hecho, cuanto más frecuente es el acoso, peor es su puntuación. También es frecuente que se sientan ansiosos antes de un examen, pese a estar bien preparados.

VÍCTIMAS AGRESIVAS

Existe otro perfil de víctima, a la que algunos autores han denominado “víctima activa” o “agresiva” que, al igual que la anterior presenta baja autoestima y altos niveles de ansiedad, pero que, a diferencia de ésta, suele comportarse de manera impulsiva, impaciente y agresiva, reaccionando también de esta forma ante las agresiones.

Su comportamiento e impulsividad causan rechazo en su grupo de iguales, por lo que suelen aparecer como alumnos discriminados o excluidos por el resto de sus compañeros.

No respetan las normas sociales y suelen provenir de ambientes familiares en los que predominan estilos parentales autoritarios o negligentes.

L@s estudiantes que agreden y son victimizados simultáneamente han sido denominados también víctimas agresivas o bully-victims. En los últimos años han aumentado los estudios sobre este tipo de víctimas al considerarse un grupo de alto riesgo de desarrollo de problemas de ajuste psicosocial, puesto que presentan dificultades comunes a ambos roles (agresor y víctima).

En cualquiera de los casos, las víctimas de acoso son alumn@s que no saben cómo actuar cuando se ven envueltos en esta situación, pudiendo reaccionar con agresividad (víctima activa, menos usual) o, por el contrario, con vergüenza y terror (víctima pasiva), paralizándose y comportándose de manera sumisa y pasiva, aumentando así el sentimiento de vulnerabilidad, indefensión y desamparo.

EL AGRESOR

Al igual que ocurre con la víctima, no existe un único perfil de agresor.

Aquellos niños y niñas que acosan o intimidan a sus iguales persiguen unos objetivos concretos, como promocionar su propia imagen dentro del grupo, demostrar poder o simplemente hacer daño y causar sufrimiento. Normalmente buscan personas vulnerables y no suelen actuar de manera aislada, sino que suelen realizar sus ataques y abusos en presencia de otros estudiantes que animan, ayudan o refuerzan con su silencio la situación. Al dominar a la víctima, el agresor siente que muestra su poder y estatus hacia sí mismo y hacia sus iguales. Sin embargo, es frecuente que presenten dificultades en las relaciones interpersonales pese a gozar de popularidad, ya que son personas dominantes, con deseo de poder y liderazgo, con escasas habilidades sociales y que suelen ser percibidos por sus compañeros como arrogantes e intolerantes.

Muchos de ellos, aunque se ceben más con sus víctimas, suelen comportarse agresivamente con el resto de su entorno, estableciendo relaciones de dominio y poder.

Los agresores pueden ser líderes (inician las situaciones de acoso y llevan la voz cantante), seguidores o secuaces (acompañan y se suman al líder una vez ha iniciado a la agresión) y reforzadores (animan a los agresores y se burlan de la víctima).

Algunos autores sostienen que presentan una autoestima más baja, mientras que otros afirman que, por regla general, se valoran positivamente a sí mismos y muestran un nivel de autoestima medio o incluso alto.

Parece que la clave podría estar en estudiar la autoestima desde una perspectiva multidimensional. En este sentido, los agresores podrían presentar un alto concepto de sí mismos a nivel social y emocional, ya que son populares e importantes en su grupo de iguales, pero, a su vez, presentar una baja autoestima a nivel académico y familiar, donde suelen presentar conflictos. De hecho, a nivel familiar, suelen informar de la existencia de modelos autoritarios, pobres relaciones con sus padres o relaciones hostiles y desafiantes, con menos sentimientos de participación y empatía familiar. También en el contexto académico, suelen presentar una visión negativa del entorno educativo, baja motivación para el estudio y problemas de rendimiento escolar. Es frecuente que muestren actitudes desfavorables hacia la escuela y el profesorado.

Con frecuencia los agresores presentan dificultades para acatar las normas y respetar los límites. De hecho, diversos estudios han evidenciado la estrecha conexión existente entre conducta antisocial y el acoso.

En estos casos nuevamente se ha visto la influencia familiar:  suelen provenir de ambientes familiares con alto nivel de conflictividad y violencia o bien ambientes hiper-permisivos, con dificultades a la hora de enseñarles a respetar las normas y poner límites. A veces se combinan la permisividad con métodos muy autoritarios y coercitivos, incluyendo en ocasiones el castigo físico.

Es normal, por tanto, que estos niños y adolescentes carezcan de habilidades de resolución de conflictos, presenten baja tolerancia a la frustración y una gran dificultad para la autocrítica. También suelen mostrar poca empatía y rasgos impulsivos. Estas características favorecen la aparición de comportamientos violentos.

LOS OBSERVADORES

El caso del rol de los observadores es especialmente significativo ya que cumplen una importante función al influir tanto en el apoyo que pueda sentir el agresor como en el mayor o menor daño que sufra la víctima.  Anti-bullying Alliance (2012) reporta que el 54% de los observadores refuerzan la conducta del que acosa simplemente observando de manera pasiva sus agresiones.

Son aquellos alumnos y alumnas que son conocedores del fenómeno bullying y/ cyberbyllying sin participar directamente, por eso también se les llama espectadores o testigos. Sus reacciones pueden variar agrupándose en observadores activos, pasivos y pro-activos.

  • Los observadores activos son aquellos que pertenecen al círculo cercano del agresor y que apoyan e incentivan su actitud agresiva, bien reforzándola (reforzadores), con risas y vítores o bien participando directamente en la agresión (colaboradores), aunque suele ser de manera menos grave que el agresor. Estos alumnos suelen presentar estrategias agresivas a la hora de resolver conflictos y menos sensibilidad moral, además de una fuerte dependencia con el agresor, quien les exige lealtad y apoyo.
  • Los observadores pasivos o neutrales son los que tienen conciencia de lo que está ocurriendo, incluso lo presencian, pero se mantienen ajenos y, si bien no colaboran, en la agresión, tampoco hacen nada por ayudar a la víctima, por lo que sin querer contribuyen a que la situación se perpetúe en el tiempo. Algunos apoyan la situación y otros la rechazan, pero en ambos casos no hacen nada por evitarla. La mayoría de las veces callan por miedo a convertirse ellos en objetivo de las agresiones, otras veces por falta de empatía y otras porque creen que su intervención no va a reducir la agresión o no saben cómo ayudar. Lo que se ve es que suelen mostrarse más proclives a ayudar cuando la víctima es un amigo o amiga y que, cuando se les preguntan, reconocen que ésta se sentiría mejor si ayudaran.

Algunos autores plantean que, aunque los observadores pasivos manifiesten estar en contra del acoso posiblemente también se sientan atraídos por ciertas características de los agresores, como el dominio, la popularidad y la confianza en sí mismos.

  • Afortunadamente y gracias a la importancia que ha ido adquiriendo este fenómeno en el sistema educativo, cada vez nos encontramos más los observadores pro-activos o defensores, que son aquellos alumnos que tienden a empatizar con la víctima y sí hacen algo para ayudarla: apoyándola y reconfortándola e incluso defendiéndola y tratando de detener la agresión cuando ésta tiene lugar, intercediendo en la agresión y/o pidiendo ayuda y comunicándoselo a un profesor o un adulto.

Es nuestra labor y responsabilidad seguir proporcionando a nuestros hijos y a los alumnos de los centros la confianza que necesitan para que hablen e intercedan a favor de las víctimas y detener la llamada “conspiración del silencio” ante las situaciones de acoso.

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