PROBLEMAS EN LA PAREJA: ¿POR QUÉ SE DISCUTE?

Terapia de Pareja

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

Muchas parejas acuden a consulta preguntándose por qué repiten una y otra vez las mismas discusiones o por qué, a pesar de quererse, sienten que la relación se va deteriorando con el tiempo. Comprender por qué surgen los conflictos en la pareja es un primer paso fundamental para poder intervenir sobre ellos de manera eficaz.

Desde una perspectiva psicológica, los problemas en la relación de pareja no suelen deberse a un único factor, sino a patrones de comunicación y regulación emocional poco efectivos que se mantienen en el tiempo. Cuando estos patrones se repiten, el conflicto deja de ser puntual y se convierte en una dinámica relacional que genera malestar, inseguridad y desconexión emocional.

La base emocional de los conflictos de pareja

En el trabajo clínico con parejas se observa que muchas discusiones tienen su origen en necesidades emocionales básicas no satisfechas, tanto durante el desarrollo temprano como en la vida adulta. Cuando estas necesidades no son reconocidas o validadas dentro de la relación, las personas tienden a reaccionar desde la frustración, el miedo o la inseguridad.

Desde este punto de vista, el conflicto no es el problema en sí mismo, sino la manifestación externa de una herida emocional subyacente. La dificultad aparece cuando cada miembro de la pareja responde desde su propia vivencia interna sin lograr expresar de forma clara qué necesita ni comprender lo que el otro está experimentando.

El ciclo negativo de interacción: por qué las discusiones se repiten

Cuando las emociones no se expresan de forma directa y segura, la pareja puede quedar atrapada en lo que en terapia se denomina un ciclo negativo de interacción. En este ciclo, las reacciones de uno de los miembros activan las defensas del otro, reforzando el conflicto y cronificando el malestar.

Un ejemplo habitual es aquel en el que una persona insiste en hablar, reclamar cercanía o buscar explicaciones, mientras la otra se retira, evita la conversación o se muestra distante. Esta retirada suele vivirse como rechazo o desinterés, lo que incrementa la insistencia, la crítica o la protesta emocional. A su vez, esta reacción intensifica la necesidad de distancia del otro miembro, generando una espiral que se repite con el tiempo.

En muchas ocasiones, estas dinámicas están estrechamente relacionadas con el miedo al conflicto, que puede llevar a evitar la confrontación emocional o, por el contrario, a reaccionar de forma defensiva ante cualquier desacuerdo.

Patrones como el distanciamiento, la crítica constante o el ataque personal alimentan una espiral descendente de emociones negativas, que termina deteriorando el vínculo, la confianza y la sensación de seguridad en la relación

El papel de la terapia de pareja en la comprensión del conflicto.

A través de la terapia de pareja, el o la psicoterapeuta acompaña a la pareja en la comprensión de estas dinámicas relacionales. En muchos casos, este trabajo se apoya en enfoques basados en la evidencia, como la Terapia Focalizada en las Emociones, que pone el acento en la comprensión de las emociones y las necesidades de apego que subyacen al conflicto relacional.

El trabajo terapéutico se orienta a identificar los ciclos negativos de interacción, las emociones que los sostienen y las necesidades emocionales que no están siendo atendidas.

Durante este proceso, se facilita que cada miembro de la pareja pueda explorar y acceder a sus emociones primarias subyacentes, expresarlas de forma más clara y procesarlas en un entorno seguro. Esto permite sustituir las reacciones defensivas automáticas por formas de comunicación más abiertas, empáticas y reguladas emocionalmente.

De los ciclos negativos a los ciclos positivos de interacción

Cuando la pareja logra identificar y modificar estos patrones disfuncionales, se abren nuevas posibilidades relacionales. Los llamados ciclos positivos de interacción se caracterizan por una mayor conexión emocional, una comunicación más clara y una sensación creciente de confianza y seguridad.

Estos nuevos patrones tienden a ser autorreforzantes, ya que cada experiencia positiva fortalece el vínculo y facilita que la pareja pueda afrontar de manera más adaptativa los conflictos futuros. De este modo, la relación puede transformarse progresivamente en un espacio más seguro y satisfactorio para ambos miembros.

Psicología Madrid Centro

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