ATAQUES DE PÁNICO: CÓMO IDENTIFICARLOS, CONTROLARLOS Y EVITAR SU APARICIÓN

Ansiedad, Psicología adolescente, Psicología adultos
Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

Ante una situación de ansiedad o estrés, el cuerpo reacciona rápidamente, de manera física, para garantizar la supervivencia. En esos momentos podemos sentir que la respiración se acelera, el corazón late más rápido, nos sudan las manos, comenzamos a temblar, etc. Todas estas sensaciones son normales y forman parte de la respuesta de nuestro sistema nervioso autónomo, respuesta también conocida como de «lucha o huida».

Esta reacción es útil, por tanto, cuando nos encontramos ante peligros que requieren una respuesta rápida y decisiva que nos proteja. Fue una técnica de supervivencia excelente para nuestros ancestros cuando enfrentaban situaciones que amenazaban su vida; los preparaba para huir del peligro o defenderse de una amenaza.

Lamentablemente, esta reacción de estrés heredada en algunas personas puede activarse inesperadamente en determinados momentos o situaciones que no implican peligro real, desencadenando los mismos síntomas y que son los que pueden llegar a generar, si no se gestionan, un ataque de pánico  debilitante y difícil de controlar.

¿QUÉ ES UN ATAQUE DE PÁNICO?

Un ataque de pánico o crisis de angustia es un episodio en el cual una persona experimenta una oleada repentina de miedo y ansiedad, frecuentemente en una situación donde no existe una amenaza real.

 Se trata de la aparición temporal y aislada de ciertos síntomas físicos y psicológicos de ansiedad extrema, que aparecen repentinamente y alcanzan su punto máximo en pocos minutos, provocando una sensación avasalladora de miedo intenso o malestar físico.

El incidente puede durar desde varios minutos hasta una hora y generalmente se acompaña de ciertos síntomas físicos como sudoración, palpitaciones rápidas del corazón, sensación de ahogo y sudoración, entre otros. Estos cambios fisiológicos son los que ocurren también durante otras actividades como el ejercicio físico, pero ahí se entiende su aparición y no generan miedo, aunque a veces, una vez experimentado un ataque de ansiedad, pueden ser temidos y que la persona tienda a evitar realizar dichas actividades.

Los ataques de pánico no son peligrosos, pero dejan a la persona agotada y con una ansiedad residual.

¿QUÉ SENSACIONES PUEDEN EXPERIMENTARSE DURANTE UN ATAQUE DE PÁNICO?

Durante un ataque de pánico, una persona puede experimentar una amplia variedad de síntomas físicos y emocionales intensos. Estos pueden incluir:

  1. Palpitaciones o taquicardia: latidos del corazón rápidos o irregulares, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  2. Sudoración: a menudo en las palmas de las manos o la frente.
  3. Temblores o sacudidas en el cuerpo.
  4. Dificultad para respirar: sensación de falta de aire o de ahogo.
  5. Opresión en el pecho: dolor o malestar torácico.
  6. Náuseas o molestias abdominales: sensación de malestar estomacal o náuseas.
  7. Mareos o vértigos: sensación de inestabilidad o de desmayo.
  8. Escalofríos o sofocos: sensaciones repentinas de frío o calor.
  9. Sensación de entumecimiento o hormigueo: sensación de adormecimiento o cosquilleo en manos, pies o cara.
  10. Sensación de irrealidad: percibir las cosas o percibirse a sí mismo de manera extraña.
  11. Miedo intenso: sensación abrumadora de terror o pánico, a perder el control, a volverse loco o a morir.

Estos síntomas pueden aparecer de manera abrupta y alcanzar su punto máximo en cuestión de minutos, haciendo que la experiencia sea extremadamente angustiante y aterradora para la persona afectada.

¿QUÉ PENSAMIENTOS PUEDEN APARECER DURANTE UN ATAQUE DE PÁNICO?

Durante un ataque de pánico, las personas pueden tener pensamientos intensos y aterradores. Algunos de ellos incluyen:

Miedo a perder el control

«No puedo controlar lo que está pasando»; «Estoy perdiendo el control».

Miedo a morir

«Me voy a morir» o «Esto es el fin».

Miedo a volverse loco/a

Me estoy volviendo loco» o «Estoy perdiendo la cabeza».

Sensación de irrealidad

«Esto no parece real» o «Estoy en un sueño».

Miedo a tener un ataque al corazón

«Creo que estoy teniendo un ataque al corazón» o «Mi corazón va a explotar».

Miedo a desmayarse

Voy a desmayarme», «No puedo mantenerme en pie» o «Voy a perder la conciencia».

Miedo a asfixiarse

“No puedo respirar» o «Me ahogo».

Estos pensamientos son irracionales y desproporcionados en relación con la situación real, pero pueden sentirse extremadamente reales y aterradores para la persona que está experimentando el ataque de pánico.

¿POR QUÉ APARECEN ESTOS EPISODIOS?

Un ataque de pánico o crisis de angustia es un episodio en el cual una persona experimenta una oleada repentina de miedo y ansiedad, frecuentemente en una situación donde no existe una amenaza real.

 Se trata de la aparición temporal y aislada de ciertos síntomas físicos y psicológicos de ansiedad extrema, que aparecen repentinamente y alcanzan su punto máximo en pocos minutos, provocando una sensación avasalladora de miedo intenso o malestar físico.

El incidente puede durar desde varios minutos hasta una hora y generalmente se acompaña de ciertos síntomas físicos como sudoración, palpitaciones rápidas del corazón, sensación de ahogo y sudoración, entre otros. Estos cambios fisiológicos son los que ocurren también durante otras actividades como el ejercicio físico, pero ahí se entiende su aparición y no generan miedo, aunque a veces, una vez experimentado un ataque de ansiedad, pueden ser temidos y que la persona tienda a evitar realizar dichas actividades.

Los ataques de pánico no son peligrosos, pero dejan a la persona agotada y con una ansiedad residual.

¿QUÉ SITUACIONES PUEDEN DESENCADENAR UN ATAQUE DE PÁNICO?

Controlar los ataques de pánico

Los ataques de pánico también pueden ocurrir en ausencia de cualquier causa o desencadenante aparente. Como resultado, muchos de ellos son inesperados y no siempre se puede predecir cuándo ocurrirán.

En otros casos, los ataques de pánico pueden ser provocados por factores externos de estrés.

Ejemplos de posibles desencadenantes incluyen:

  • Realizar tareas difíciles bajo presión.
  • Cambios significativos en la vida, como mudanzas o cambios de trabajo.
  • Problemas o preocupaciones económicas.
  • Conflictos interpersonales, como discusiones con familiares o amigos/as.

  • Presión académica o laboral, como exámenes o plazos importantes.

  • Eventos traumáticos.

  • Situaciones, objetos o actividades que causan miedo o ansiedad, como volar en avión, intervenciones médicas, exponer en público etc., o estar en espacios cerrados o abarrotados, como ascensores o centros comerciales.

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