Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria
La muerte de un ser querido es una experiencia dolorosa para toda la familia. Cuando hay niños o adolescentes, es frecuente que los adultos no sepan cómo comunicarles lo sucedido, qué información deben proporcionarles o cómo ayudarlos a expresar lo que sienten.
Con la intención de protegerlos, algunas familias evitan hablar de la muerte o utilizan explicaciones poco claras. Sin embargo, hablar con sinceridad, adaptar las palabras a su edad y ofrecerles seguridad puede facilitar el proceso de duelo infantil.
¿Cómo viven el duelo los niños?
El duelo en niños no siempre se manifiesta del mismo modo que en los adultos. Un niño puede estar triste o preguntar por la persona fallecida y, poco después, ponerse a jugar con aparente normalidad.
Esto no significa que no esté sufriendo o que haya olvidado lo ocurrido. Los niños suelen alternar momentos de tristeza con otros en los que necesitan distraerse, jugar o continuar con sus actividades habituales.
La forma de vivir la pérdida dependerá de su edad, su nivel de desarrollo, la relación que mantenía con la persona fallecida, las circunstancias de la muerte y el apoyo que reciba de su entorno.
¿Cómo entienden la muerte según su edad?
Aunque cada niño evoluciona de manera diferente, la comprensión de la muerte suele cambiar con la edad.
Menores de 3 años
Los bebés y los niños muy pequeños todavía no comprenden qué significa morir, pero perciben la ausencia de una persona, los cambios en las rutinas y el estado emocional de sus cuidadores.
Pueden mostrarse más irritables, llorar con mayor frecuencia, dormir peor o necesitar más contacto y atención.
Entre los 3 y los 5 años
A estas edades pueden considerar que la muerte es temporal y que la persona fallecida regresará. También pueden pensar que sigue sintiendo hambre, frío o dolor.
Es importante explicarles de forma sencilla que, cuando una persona muere, su cuerpo deja de funcionar y ya no puede volver.
Entre los 6 y los 9 años
Comienzan a comprender que la muerte es irreversible, aunque pueden pensar que solamente les sucede a otras personas. Son frecuentes las preguntas sobre lo ocurrido y el miedo a que mueran otros familiares.
También pueden aparecer dificultades para concentrarse, problemas de sueño, irritabilidad o conductas propias de etapas anteriores.
A partir de los 9 o 10 años
La comprensión de la muerte se aproxima progresivamente a la del adulto. Los niños mayores y los adolescentes saben que es definitiva y que puede afectar a cualquier persona.
El duelo en adolescentes puede expresarse mediante tristeza, enfado, aislamiento, cambios de comportamiento o una menor comunicación con la familia. Conviene respetar su ritmo y mantenernos disponibles.
Cómo explicar la muerte a un niño
Una de las principales preocupaciones de las familias es cómo explicar la muerte a un niño sin causarle más sufrimiento.
Siempre que sea posible, la noticia debe comunicarla una persona cercana, en un lugar tranquilo y con tiempo para permanecer junto al niño después.
Es recomendable:
- Utilizar un lenguaje sencillo, directo y adecuado a su edad.
- Emplear las palabras “muerte” o “ha muerto”.
- Explicar brevemente qué ha sucedido, sin proporcionar detalles innecesarios.
- Responder con sinceridad a sus preguntas.
- Reconocer cuando no conocemos una respuesta.
- Aclarar que el niño no ha causado la muerte.
- Explicarle quién lo cuidará y qué cambios se producirán en su vida.
Conviene evitar expresiones como “se ha ido”, “está dormido” o “nos ha dejado”. Los niños pueden interpretarlas literalmente y desarrollar miedo a dormir, a viajar o a que otras personas se marchen y no regresen.
No es necesario ofrecer toda la información de una sola vez. Podemos dar una explicación básica y ampliarla a medida que el niño pregunte o pueda comprender mejor lo ocurrido.
Reacciones frecuentes durante el duelo infantil
Los síntomas del duelo infantil pueden aparecer inmediatamente o después de varias semanas. También pueden reaparecer en aniversarios, celebraciones familiares o momentos importantes de su desarrollo.
Algunas reacciones frecuentes son:
- Tristeza o llanto.
- Irritabilidad, enfado o rabietas.
- Miedo a perder a otros seres queridos.
- Mayor dificultad para separarse de los padres.
- Alteraciones del sueño o de la alimentación.
- Pesadillas.
- Regresión a conductas propias de edades anteriores.
- Problemas de atención o descenso temporal del rendimiento escolar.
- Dolor de cabeza o molestias abdominales.
- Aislamiento o menor interés por actividades habituales.
- Preguntas repetidas sobre la muerte.
- Sentimientos de culpa.
No todos los niños presentan las mismas reacciones. Algunos expresan lo que sienten mediante palabras, mientras que otros lo hacen a través del comportamiento, el juego o los dibujos.
Cómo ayudar a un niño ante una pérdida
Para ayudar a un niño ante una pérdida es importante ofrecerle un entorno seguro en el que pueda expresar lo que siente sin ser juzgado. No debemos obligarlo a hablar, pero sí hacerle saber que estamos disponibles para escucharlo y responder a sus preguntas.
Podemos acompañarlo de las siguientes maneras:
- Escuchar sus preguntas y preocupaciones, aunque las repita varias veces.
- Aceptar su tristeza, su miedo o su enfado como reacciones naturales ante la pérdida.
- Evitar frases como “no llores”, “tienes que ser fuerte” o “no estés triste”.
- Mantener, en lamedida de lo posible, sus rutinas y actividades cotidianas, ya que le proporcionan estabilidad y seguridad.
- Informar al colegio para que pueda comprender posibles cambios en su comportamiento, concentración o rendimiento.
- Hablar con naturalidad de la persona fallecida y permitir que el niño la recuerde.
- Compartir fotografías, recuerdos y anécdotas familiares.
- Facilitar la expresión emocional mediante el juego, el dibujo, la escritura o la creación de una caja de recuerdos.
- Mostrar nuestro propio dolor de forma adecuada, sin hacer al niño responsable de consolarnos.
- Prestar atención a los cambios emocionales y de comportamiento que puedan indicar que necesita ayuda psicológica infantil.
Recordar a la persona fallecida no impide superar la pérdida. Hablar de ella puede ayudar al niño a comprender lo ocurrido, integrar sus emociones y mantener un vínculo afectivo a través de los recuerdos.
Cada niño necesita un tiempo y una forma diferente de afrontar el duelo. Cuando las dificultades persisten o interfieren de manera importante en su vida cotidiana, puede ser conveniente recurrir a un profesional especializado en psicología infantil en Madrid.
¿Cuándo puede necesitar ayuda psicológica?
Muchas reacciones forman parte del proceso normal de duelo. Sin embargo, puede ser conveniente consultar con un profesional cuando el malestar es muy intenso, se prolonga o interfiere de forma importante en la vida familiar, social o escolar.
Algunas señales de alerta son:
- Culpa intensa y persistente.
- Miedo extremo a que mueran otras personas.
- Aislamiento prolongado.
- Alteraciones importantes del sueño o de la alimentación.
- Descenso mantenido del rendimiento escolar.
- Ansiedad intensa al separarse de los cuidadores.
- Evitación constante de cualquier recuerdo de la persona fallecida.
- Pérdida marcada de interés por sus actividades.
- Comentarios sobre querer morir o reunirse con la persona fallecida.
También puede ser recomendable realizar una valoración cuando la muerte ha sido repentina o traumática, cuando ha fallecido una figura principal de cuidado o cuando la familia se encuentra desbordada. En estos casos, pueden aparecer reacciones relacionadas con el trauma psicológico que requieran una atención específica.
Psicología infantil para acompañar en el duelo
En Consulta Goya ofrecemos atención de psicología infantil en Madrid para niños, adolescentes y familias que necesitan ayuda para afrontar la muerte de un ser querido.
La intervención se adapta a la edad, la forma de expresión del menor y las circunstancias particulares de la pérdida. Mediante el diálogo, el juego, el dibujo y otros recursos terapéuticos, ayudamos al niño a comprender lo sucedido, expresar sus emociones y recuperar progresivamente su seguridad.

