El “doomscrolling”

Coronavirus, Psicología adultos

¿QUÉ ES EL "DOOMSCROLLING"?

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

Con la pandemia se ha puesto de manifiesto un nuevo hábito que está teniendo efectos psicológicos adversos. Se trata del denominado doomscrolling o “adicción a las malas noticias”. La palabra viene del término en inglés “doom” (catástrofe, fatalidad) y “scroll” (acción de deslizar el dedo por la pantalla para que vaya subiendo el contenido).

Este término hace alusión a la tendencia que tiene mucha gente de buscar constantemente las últimas noticias adversas y sus actualizaciones.

¿POR QUÉ "NOS ATRAEN" LAS MALAS NOTICIAS?

Es normal querer estar informados de lo que ocurre a nuestro alrededor para saber a qué atenernos. Nuestro cerebro está programado para atender selectivamente a las noticias negativas y las procesa y recuerda más rápida y eficazmente. Por otro lado, hoy en día cada noticia es presentada de manera más visual o de forma más llamativa que la anterior, para captar la atención del usuario.

El hábito de buscar malas noticias, en principio, tiene una función adaptativa, ya que conocer los peligros que existen nos ayuda a estar prevenidos y a adoptar las medidas de protección y seguridad oportunas. Sin embargo, la pandemia por el coronavirus y otros hitos del año 2020 han provocado que mucha gente invierta mucho de su tiempo libre en buscar las últimas noticias catastróficas: número de muertes por coronavirus, número de contagios, situación económica del país, etc., y ese mal hábito puede afectar a la salud mental de quienes lo practican, ya que la exposición continuada a noticias negativas o el exceso de información sobre una misma situación adversa puede repercutir en nuestro bienestar psicológico. Varios estudios han asociado el mal uso de las redes sociales con trastornos de ansiedad y depresión. Este sería uno de esos malos usos.

En una situación de incertidumbre como la que vivimos, obtener respuestas nos ayuda a tener cierta sensación de control. Lo difícil es mantener el equilibrio entre estar informados y estar sobreinformados.

La sobreinformación puede tener efectos psicológicos adversos y provocar desasosiego, desesperanza y ansiedad. Por otro lado, hay personas más propensas a dejarse llevar por sus miedos frente a la adversidad y no pueden evitar imaginar escenarios posibles, con gran realismo y nitidez, hasta el punto de llegar a vivir la ansiedad asociada a los mismos. Mucha gente se angustia en exceso por lo que teme que pueda llegar a pasarles a ellos o a sus seres queridos o por el futuro cuando todo esto pase. Pero sin necesidad de llegar a estos extremos, simplemente el hecho de estar enganchados a noticias negativas puede repercutir en nuestro ánimo y motivación, causarnos problemas para dormir, provocarnos estrés y además quitarnos de hacer otras actividades más productivas o reforzantes.

Por otra parte, hay que tener especial cuidado con los bulos que a veces corren sobre noticias falsas o equivocadas. Con la cantidad de información a la que podemos acceder hoy en día a través de Internet se hace difícil discernir la que es fiable de la que no.  Por eso desde el inicio de la pandemia los expertos recomiendan buscar información en fuentes fiables, como el Ministerio de Sanidad, los Colegios Profesionales Sanitarios, los Organismos Oficiales o la OMS, entre otros, y hacerlo con mesura para evitar saturarnos de malas noticias.

¿QUÉ PODEMOS HACER FRENTE A ESTE HÁBITO?

Podemos aprender a establecer hábitos de consumo de información más saludables, por ejemplo, disminuyendo el tiempo invertido en leer las noticias o de búsqueda de información sobre temas “peliagudos”, incluso concretando qué momentos del día vamos a emplear para ello y el resto del tiempo, aunque sintamos las ganas, evitar buscar; ampliar el uso que hacemos de las redes sociales, o de Internet en general, para hacer algo más que buscar las últimas noticias, como establecer contacto social o hacer uso de otras aplicaciones de contenido no informativo; diversificar los temas de conversación con nuestros amigos y familiares y, sobre todo, saber emplear nuestro tiempo en otras actividades que nos motiven y nos aporten beneficios, teniendo especial cuidado con los momentos de aburrimiento.

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