Fatiga pandémica

Coronavirus, Psicología adultos

¿QUÉ ES LA FATIGA PANDÉMICA?

Susana Zazo Díaz | Psicóloga General Sanitaria

Varios países están reportando signos de lo que se ha denominado fatiga pandémica, término que se está utilizando para hacer alusión al conjunto de efectos psicológicos que mucha gente está empezando a mostrar como consecuencia de la pandemia.

Esta fatiga debe ser entendida en términos de motivación para hacer lo que se espera de nosotros en estas circunstancias, es decir, la adopción de ciertas medidas de protección para frenar la expansión del coronavirus.

La fatiga pandémica es la respuesta natural a tantos meses de crisis sanitaria y su impacto en la vida cotidiana. Se ve afectada por el paso del tiempo y las emociones, experiencias y percepciones de cada uno y se produce de forma progresiva y escalonada. Al principio de la pandemia el cerebro pone en marcha los mecanismos de afrontamiento necesarios para hacer frente a una situación de estrés y la gente se ve capaz y motivada para luchar. Esta es la razón por la que en poco tiempo se adoptaron nuevos comportamientos sociales (por ejemplo, el uso de mascarilla). Esta elección se lleva a cabo tras analizar el costo/beneficio de realizar una determinada conducta.

Pero cuando una situación de estrés se mantiene durante mucho tiempo, el organismo “se cansa“ y aparece un estado psicológico de desgaste y fatiga emocional, de desmotivación y desapego que hace replantearse la balanza costo/beneficio. Es la respuesta de nuestro organismo a una situación de estrés “crónico” que da la sensación de que no tiene fin, como la que se activa en los casos de burnout ante una situación de estrés laboral.

Por eso, uno de los efectos más peligrosos de esta fatiga es la desmotivación que está empezando a sentir mucha gente para seguir cumpliendo estrictamente con las recomendaciones de protección y cuidado recomendadas por las autoridades sanitarias y políticas tras tantos meses de restricciones.

Pero este es sólo uno de los efectos. También es normal tener un sentimiento generalizado de tristeza y apatía, de haber perdido un año de nuestra vida, con las oportunidades y celebraciones perdidas.

Otra de las manifestaciones de esta fatiga tiene que ver con una menor tendencia de la población a buscar información sobre la COVID-19 y una menor percepción del riesgo y el peligro del virus, lo que contribuye a que uno se permita mayor laxitud a la hora de cumplir con las normas y restricciones impuestas.

¿QUÉ SE PUEDE HACER?

Para hacer frente a esta fatiga pandémica se requiere de una respuesta múltiple que tenga en cuenta no sólo los aspectos políticos y sociales, sino también la motivación individual, en término de costes/beneficios, para seguir manteniendo ciertas normas sociales.

Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elaborado un documento donde plantea una serie de estrategias y sugerencias de acción destinadas a contrarrestar los efectos de la fatiga pandémica.

Debido a su naturaleza compleja ha planteado un plan de acción multifactorial, que engloba 4 estrategias a tener en cuenta por las autoridades gubernamentales y locales:

1. Entender a la población. Identificar los grupos más vulnerables para priorizar las intervenciones: analizar qué grupos muestran signos de mayor desmotivación y quiénes tienen mayor riesgo de transmisión; realizar estudios y encuestas para entender qué hay detrás de esa desmotivación, qué podría ayudarles, cuáles son sus percepciones y necesidades… Todo ello con el fin de establecer planes de acción e intervenciones específicas que favorezcan una mayor motivación e implicación.

Las encuestas revelan que la gente tiene información suficiente sobre el virus y sabe cómo buscarla cuando la necesita. Por tanto, la estrategia orientada a proporcionar una mayor información no daría resultado, ya que es la emoción la que juega un papel importante a la hora de incumplir las normas. Debe focalizarse la atención en la motivación de seguir las pautas.

2. Involucrar a la gente como parte de la solución. Fomentar el compromiso en la sociedad. Buscar estrategias que fomenten la concienciación y la cooperación, para que sea la gente quien elija actuar de acuerdo a las normas sociales establecidas, no únicamente por imposiciones externas (uso de mascarilla, distancia social, etc.) y que elija poner su granito de arena para frenar la propagación.

3. Permitir que la gente viva su vida, pero con precaución y ciertas medidas. Ése es el equilibrio ideal.  En este sentido, en el documento se defiende que las grandes restricciones dejan de ser factibles a largo plazo y, en cambio, proponen optar por ciertas estrategias de reducción de riesgos. Para ello, plantean ciertas claves como, por ejemplo, ayudar al público a diferenciar entre actividades de menor y mayor riesgo, desarrollar guías de actuación para reducir el riesgo en las actividades cotidianas, considerar qué eventos culturales podrían llevarse a cabo con prácticas seguras, etc. Este enfoque específico puede reducir la propagación de la COVID-19 y su impacto en la sociedad y la economía, permitiendo al mismo tiempo poder alcanzar cierta “normalidad” en nuestras vidas.

4. Reconocer y abordar las dificultades que experimenta la población. En el texto se reconoce el impacto psicológico que la pandemia está teniendo en la población. Todo el mundo ha sentido alguna pérdida durante la pandemia: de ingresos, de oportunidades, de eventos y rituales importantes, de conexión con la familia y amigos o seres queridos que han fallecido. La fatiga resultante debe ser abordada a través de mecanismos que fomenten la resiliencia y el alivio de las dificultades, incluyendo el apoyo económico, social, emocional y cultural.

Finalmente, el documento de la OMS establece cinco principios transversales a la hora de poner en marcha cualquier iniciativa en esta línea: transparencia, justicia, consistencia, coordinación y previsibilidad.

     •  Transparencia: sobre las razones que hay detrás de las restricciones y recomendaciones.

     •  Justicia: para tener credibilidad en las autoridades la gente debe sentir que las decisiones son tomadas con criterios objetivos, no en base a los intereses de determinados grupos.

    •  Consistencia: que los mensajes transmitidos por las autoridades políticas y sanitarias y las acciones llevadas a cabo sean consistentes y coherentes con el riesgo epidemiológico real en cada momento.

    •  Coordinación entre todas las partes involucradas (líderes políticos, expertos, representantes del gobierno, portavoces, trabajadores de la salud…) para incrementar la confianza de la gente.

    •  Previsibilidad en una situación de máxima incertidumbre. Se sabe que la previsibilidad ayuda a prevenir el estrés y la sobrecarga mental. Para lograrla, se pueden adoptar medidas tales como establecer criterios epidemiológicos objetivos para las restricciones por ejemplo  en los viajes, las reuniones sociales, los lugares de trabajo o los colegios y tratar de comunicar durante cuánto tiempo habrá que adoptar tales medidas para que los ciudadanos sepan qué esperar.

Se puede acceder al texto completo a través del siguiente enlace:

Pandemic fatigue Reinvigorating the public to prevent COVID-19

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